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sábado, 16 de junio de 2012

Adicción que empezó con la apuesta de cinco pesos

Todo empezó con la apuesta de cinco pesos en la ruleta electrónica de una banca de apuestas. Eduardo Betances apenas salía de la adolescencia. Esos cinco pesos se convirtieron en setenta pesos tras detenerse el giro de la ruleta.
Eduardo, de 39 años, cuenta que aquella vez estaba emocionado y al día siguiente quiso experimentar esa misma sensación de ganador. “Cambié a las apuestas deportivas. Mientras esperaba el partido de las Grandes Ligas jugaba en la ruleta. Más adelante, como ya había perdido tanto pensé que podía recuperarlo jugando y me fui a los casinos”, narra Eduardo.

Sin darse cuenta pronto se convirtió en un ludópata. La adicción a los juegos de azar lo llevó a perder su negocio de repuestos de vehículos y su familia. Su esposa lo abandonó junto a su hijo.
Había perdido también la confianza de parientes y amigos cercanos: “Es una actividad engañosa, la persona que sufre esa patología no se percata del grave error que comete. Empiezas a jugar de manera compulsiva. Yo visitaba el casino a diario pensando que en la próxima jugada me iba a recuperar. En una noche jugué 45,000 pesos y los perdí. Lo que menos llevaba al casino eran 5,000 pesos”.

Eduardo tenía un negocio próspero que descuidó por irse al casino, donde sabía permanecer hasta por 48 horas sin sentir hambre, cansancio o deseos de estar con su esposa. “Me hospedaba en los hoteles para estar cerca del club de juego. Esperaba en el lobby a que abrieran. Al principio todo el que va gana. Esa es la trampa. Ese mundo te vende la ilusión de que te puedes hacer rico. El jugador ignora que ese negocio está hecho para que gane el dueño”, dice.
Una noche de suerte lo que más obtuvo fueron 14,000 pesos pero ya había apostado el doble.
La Organización Mundial de la Salud define la ludopatía como un “trastorno del comportamiento, consistente en la pérdida de control en relación con un juego de apuestas o más, tanto si incide en las dificultades que supone para el individuo dejar de jugar cuando está apostando, como en mantenerse sin apostar definitivamente en el juego”.

El ludópata es la persona que tiene un impulso irreprimible de jugar, a pesar de ser consciente de las consecuencias personales, sociales y económicas de esa conducta.

Aunque no hay estadísticas oficiales, la Organización Panamericana de la Salud estima que entre el 1% y el 3% de la población mundial es adicta al juego. De esta cantidad, entre 5 y 20 millones viven en América Latina.

Eduardo advierte que el mercado de los juegos de azar mueve el vicio de la droga, alcohol, cigarrillo y prostitución. Al verse acorralado por el juego y endeudado hasta el tope, optó por consumir drogas para evadir su dramática realidad. En ese momento sintió que “tocó fondo”, fue entonces cuando decidió buscar ayuda profesional.
Cada año más personas buscan rehabilitarse en el centro Hogar Crea. En el 2010 habían recibido 23 personas y el año pasado 27 ludópatas asistieron a terapia.

“Perdí mi vida en el juego”

La ludopatía, como otras adicciones, incita al individuo al robo para conseguir con qué saciar su necesidad.
Fue el caso de José (nombre ficticio), un contador de 45 años que ahora está en recuperación después de jugar en las bancas deportivas por 20 años.
“La ansiedad no te permite pensar en nada, no tienes control del tiempo. Mi vida era jugar. El juego robó mi vida”, explica.

Suicidios, desintegración familiar, deudas que nunca se terminan de saldar y autodestrucción económica son las consecuencias del juego excesivo. José podía permanecer todo un fin de semana apostando a los partidos de fútbol, baloncesto o béisbol.
“Tomaba dinero de mi esposa, el dinero de la comida o el de la leche de mi bebé para apostar, no importaba”, recuerda. Cuenta que antes de entrar al lugar de apuestas pensaba: “llego con 10,000 pesos y dentro de un rato salgo sin dinero”. Y así mismo sucedía.
“Es una de las adicciones más fuertes que hay, te podría decir que es más destructiva que el consumo de drogas”, agrega.

Cambio

Teresa Adames, coordinadora del Programa de Acompañamiento Psicológico de Casa Abierta, explica que la ludopatía se trata como cualquier adicción.
“Generalmente son personas que vienen de familias disfuncionales, que han sufrido abandono emocional, abusos en la infancia, vivieron eventos traumáticos, tuvieron padres muy permisivos o presentaron dificultades de aprendizaje”, expone.

El ludópata debe empezar por reconocer su adicción y después, recomienda Adames, debe visitar a un especialista en conducta humana que lo guíe: “Trabajamos la autoestima, que la persona aprenda que tiene una enfermedad y cómo puede manejar sus emociones”. La psicóloga atribuye el aumento de ludópatas a la proliferación de bancas de apuestas y máquinas tragamonedas en el país.
El apoyo de la familia es fundamental para que el adicto se mantenga firme en su decisión de cambiar. l

Una vida como “perro de fritura”


 Eduardo Betances narra que en varias ocasiones vio gente que llegaba al casino en automóvil de lujo y al salir de allí pedían dinero para irse en taxi porque perdió el vehículo en una partida de póker: “Ví gente que iba sin dinero, que ya no le quedaba nada, pero iba a mendigar que alguien le diera cien pesos para jugar. Yo los llamo ‘perros de fritura’, que se quedan esperando que el otro coma para que le tire el hueso”.

Eduardo, que lleva un año en recuperación en Hogar Crea, está feliz de su decisión de cambiar. Habla con entusiasmo sobre sus planes para cuando salga del centro de rehabilitación.
“Es una vida que no la deseo a nadie. Cuando ya no te queda un peso, aparece un prestamista que te da dinero a cambio del carro o de tu casa.
Ese no juega en el casino, simplemente está ahí esperando ver a alguien desesperado para ofrecerle dinero”, dice.

De la serie "Atrapados en el juego"
Publicada en El Caribe.

"Eres el rey del casino, mientras te queda dinero"

Las bancas de apuestas reportan al fisco más de 200 millones de pesos al año

A las cuatro de la tarde encienden las luces de colores del casino. Para Roberto, de 57 años, es como si se le iluminara la vida. Entra, se sienta en la mesa de la ruleta y empieza a apostar. Cambia 500 pesos por fichas azules. Ninguno de los números que escogió lo hizo ganador.
Media hora más tarde de su bolsillo extrae otra papeleta de 500 pesos. En una hora ha perdido mil pesos.
En veinte años de juego el saldo ha sido una ferretería y su vivienda. “Mi hermano me trajo al casino por primera vez. Vine a acompañarlo sin mucho interés. Me gustó y después venía solo. Ahora, él está en Estados Unidos, huyendo de las deudas que dejó pendiente aquí”, expresa Roberto a elCaribe de manera espontánea.

La sala tiene una iluminación uniforme, se escucha una música agradable. El ambiente es acogedor y climatizado. En el piso alfombrado de rojo las máquinas tragamonedas forman una hilera que parece interminable. Un escalón abajo se encuentran las mesas de apuestas y en el segundo nivel están las mesas de billar.
En el país operan 60 casinos y 3,000 bancas de apuestas, según registros de la Comisión Nacional de Casinos, adscrita al Ministerio de Hacienda. La mayoría de esos clubes opera en zonas turísticas.

En el 2010, al fondo general del Estado se depositaron mediante el fisco 210.5 millones de pesos, por concepto de licencia para operar bancas de apuestas; 11.5 millones más que el año anterior, cuando la recaudación ascendió a 199 millones de pesos. El portal web de la Dirección General de Impuestos Internos publica que en los primeros ocho meses del 2011 habían recaudado 115 millones de pesos por el mismo concepto.

El reloj marcaba las 8:30 p.m. cuando una camarera impecablemente vestida se acercó a Roberto con un “carrito” lleno de picaderas y toda clase de bebidas alcohólicas y sin alcohol. Roberto tomó un pequeño plato de papas salteadas con mero a la plancha, de las manos de la joven sonriente. Se toma un jugo de piña natural, mientras comenta que ya ha perdido tres mil pesos. “No puedo evitar venir casi a diario a jugar”, dice.
La calidad del brindis mejora dependiendo de la cantidad de dinero que apueste una persona. De ahí que si se trata de un cliente generoso, la gerencia considera hasta costearle una habitación de hotel para que descanse si lo solicitara.
En la mesa contigua a la de Roberto, una señora que por poco pasa los 40 años está nerviosa. Grita al supervisor de las mesas que el dealer no le ha dado un bono de tres mil pesos que le corresponde. “Saqué del cajero 15 mil pesos y mira lo que me queda”, dice señalando una papeleta de mil pesos. Ella fue de las primeras que llegó al club ese lunes. El supervisor hace unos cálculos en su libreta y le responde a la señora que efectivamente ha cambiado 14,000 pesos en fichas pero que sólo ha jugado 3,500. “Enséñeme las que tiene en las manos, cuando se les terminen esas fichas entonces hablamos”, afirma el supervisor. En esa misma mesa, una joven mujer estaba calmada, había ganado RD$4,500 luego de apostar RD$2,000 y esperaba que le pagaran para marcharse. La seguridad es estricta. En la puerta hay tres personas que revisan a los visitantes que llegan para verificar que no tengan armas de fuego ni sean menores de edad. Otros hombres vestidos de traje negro merodean el salón.

En las mesas ocupadas resalta la figura de importantes accionistas bancarios, catedráticos universitarios, acaudalados empresarios e intelectuales. De los extranjeros presentes, se destaca una mayoría de origen oriental -chinos y coreanos-.  A la 1:00 a.m., Roberto, que ocho horas atrás había llegado con aires de majestad, se despide como un plebeyo, con los bolsillos vacíos. “Hay días que me voy a las 6:00 a.m. cuando cierran esto, pero ya jugué lo que traía. Aquí eres el rey del casino mientras tienes dinero”, expresa.

El dealer

“La función del dealer es ganarle dinero al que juega. Recibimos un entrenamiento de dos meses antes de ser contratados. Uno aprende a preveer cuál será la jugada del cliente”, explica Enrique Medina, que trabajó como dealer. Asegura que las máquinas no están adulteradas para hacer que el cliente pierda, pero que el dealer emplea trucos para que el casino gane todas las veces posibles.

Un negocio de muchos millones de pesos


La Ley 351-64 que rige los casinos está obsoleta. A pesar de las modificaciones que se le realizaron a la norma que data de 1964, todavía no se adecúa a la realidad local. Para establecer un casino hay que pagar un impuesto de 10 millones de pesos y cinco millones de pesos de fianza. Además, está la cuota de un millón de pesos para obtener la licencia, entre otro requisitos.
La Ley 351-64 establece que un casino debe operar en un hotel de primera categoría que tenga al menos cien habitaciones, pero ese requisito se ignora en muchos casos.
Los montos de impuestos para los casinos fluctúan entre RD$25,000 y RD$32,000 por mesa, dependiendo la cantidad que tenga y si opera en la capital.

De la serie: "Atrapados en el Juego"
Publicada en El Caribe

miércoles, 8 de febrero de 2012

La explotación infantil se disfraza de trabajo doméstico


A Marianny la trajeron a la capital desde Guayabal, Azua, para que ayudara a una p+rima lejana con los quehaceres domésticos. A cambio, la niña de doce años, recibiría la seguridad de un techo, la alimentación, educación y vestimenta que le faltaba en su casa materna.
La chica vivía con su abuela, que decidió ceder a su nieta con la esperanza de que corriera una mejor suerte que en el campo. Nada ocurrió como la anciana se imaginó: “Lo que menos podía yo hacer era ir a la escuela”, narra Marianny, hoy de 20 años. “Me tocaba hacer todos los oficios de la casa y cuidar de los dos hijos de mi prima. No tenía días libres, y aunque me los dieran me quedaba en la casa porque no tenía a quien visitar ni podía irme al campo sola”, comenta.
Detrás de la acogida bondadosa que algunas familias ofrecen a niñas y niños, la mayoría menores de muy escasos recursos, se esconde una peligrosa forma de explotación infantil que, en algunos casos, “tutores” ejercen de manera inconsciente. Pues, en ciertas situaciones, la familia que alberga considera que da un buen trato a la niña o niño con suministrarle techo y comida, aunque descuide sus demás necesidades.
Que las niñas aprendan trabajo doméstico es correcto siempre y cuando esa actividad no interrumpa sus reales deberes. Foto: Edward Roustand

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que en el país 48,700 niñas y niños realizan trabajo doméstico. Otras estadísticas se obtienen de la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (Enhogar) publicada en diciembre pasado, que revela que 304,000 niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años trabajan, lo que equivale al 12% de los niños. La cifra posiciona a la República Dominicana con dos puntos por encima del promedio de la región.
De todos los menores contabilizados como ocupados en la producción económica, el 56% (212,000) realiza actividades peligrosas, entre esas se ubica el trabajo doméstico. Esa cifra equivale al 8% de todos los niños y niñas del país.
“El trabajo doméstico se considera peligroso e insalubre porque la niña se expone al uso de artefactos que podrían dañarla, como una plancha o una estufa por ejemplo, que le podrían producir quemaduras”, indica Cristhian Herrera, coordinadora técnica de la Unidad de Trabajo Infantil del Ministerio de trabajo.
Herrera agrega que la resolución 52-04 establece condiciones para permitir que un menor, de 14 años en adelante, trabaje. Pero, agrega, cuando se trata de un niño que duerme en su lugar de trabajo se violan esos requisitos.
En casa de su prima, Marianny duró tres años, después pasó a trabajar como doméstica a otra casa donde las condiciones eran peores. Hasta que hace dos años logró liberarse y cambiar el rumbo de su vida a mejor. Gran parte de las historia de niñas y niños (los varones son mucho menos) en trabajo doméstico no tiene un final feliz. Testimonios recogidos por la OIT revelan que muy pocas logran superarse y mejorar sus condiciones socioeconómicas y la mitad no termina la escuela primaria.
En San Cristóbal encontramos la historia de Doctora Alciniegas. Su madre tuvo 12 hijos. A los diez años la envió a la casa de un familiar para que le “ayudara con los quehaceres”. “Me levantaba a las seis de la mañana y me acostaba a las once la noche. Se me iba el día limpiando, lavando, planchando y atendiendo a los hijos de la señora. Apenas tenía chance de estudiar los sábados”, narra Doctora.
La presidenta de la Asociación de Trabajadoras del Hogar, Victoria García, habla del sentimiento que invade a las niñas que son explotadas como domésticas, tomando como ejemplo su propia experiencia, ya que desde muy pequeña laboró en “casas de familia”: “Esa situación lleva a las adolescentes a casarse antes de tiempo, están expuestas al acoso sexual del empleador. Además, les afecta mucho emocionalmente porque esa es la edad de en uno estar con su familia, de jugar. Tú estás en una casa donde eres un mueble más, nadie está pendiente de ti, no te dan cariño, emocionalmente afecta mucho”, sostiene. Victoria, de 60 años, expresa que a las menores les invade un sentimiento de abandono en los casos en que sus parientes no las pueden visitar  porque no tienen los medios para trasladarse hasta ellas. Expresa que la situación de las niñas trabajadoras domésticas de hoy son similares a las de su tiempo, una muestra de lo poco que se ha avanzado para erradicar ese problema. “Puedo decir que aprendí cosas que no sabía, como preparar bizcochos. Pero no me sentía bien, estaba fuera de mi hábitat, sin mi familia, esa no era parte de mí, realmente. Estar en una casa con extraños donde no se recibe afecto es muy doloroso para un niño”, destaca Victoria.
Cuenta que muchas de esas muchachas son las denominadas “hijas de crianza” que no es más que una forma disimulada de esclavitud, dice. “No tienen días libres, no tienen horario de trabajo, tienen que vestirse con la ropa usada que le da su patrona, no tienen salario”, enumera García
Ministerio de Trabajo
Félix Hidalgo, vice ministro de Trabajo y coordinador de la Unidad de Trabajo Infantil, explica que se esfuerzan para erradicar esa actividad en los niños y niñas, y que en los casos en los que la faena se realiza como manda la ley, hacen hincapié en que los adolescentes gocen de los mismos derechos que tienen los adultos.
Apunta que se les dificulta identificar los casos porque los adultos no entienden que es trabajo infantil. “Muchas veces dicen: “yo lo que estoy es ayudando”, pero no dicen que es con el compromiso de que el menor les haga los oficios y encima reciben un trato discriminatorio frente a sus hijos. Si tú no le das el mismo trato de tus hijos, entonces tienes una trabajadora”, enfatiza.
Peores trabajos. Son aquellos que esclavizan al menor, los separan de su familia y les impide educarse

Consecuencias 


Estudiar y jugar: los deberes de los niños

La psicóloga Marina Orbe expone que no es sano para un niño apartarse de su hogar para cumplir oficios de adultos: “Salen de sus roles de niñas; se les priva de la libertad de estudiar, de jugar y de hacer cosas propias de su edad. Crecen con pocos proyectos de vida, porque lo que aprenden es a limpiar y lavar. Se les dificulta encontrar otro trabajo, tienen limitada su capacidad de progresar porque no se prepararon”.

Advertencia

El trabajo atenta contra la educación del menor


La edad mínima de admisión al trabajo es de 14 años, dispone el Código Laboral, pero más de la mitad de los trabajadores infantiles tiene menos de 13 años. De acuerdo al estudio Enhogar publicado en diciembre de 2011, esa tendencia debe ser objeto de atención puesto que de acuerdo a las normas de Educación, a esa edad los adolescentes deberían estar terminando la primaria, pero si trabajan, sus posibilidades de alcanzar esa meta son mínimas. “El hecho de que siete de cada diez niños tenga una relación de trabajo con su propia familia o familiar cercano confirma que el fenómeno del trabajo infantil se da en gran medida en el entorno familiar”, sostiene el informe.

Acción

Ministerio desarrolla un plan de sensibilización 


Las acciones del Ministerio de Trabajo consisten en sensibilizar a la población sobre el tema. Impulsan la Hoja de Ruta, una estrategia integral para erradicar el trabajo infantil a nivel mundial que implica abordar el problema desde distintas aristas, como la pobreza. “Esto se impulsa desde diferentes instituciones gubernamentales, la sociedad civil y gremios de trabajadores”, especifica el viceministro Félix Hidalgo. Elaboraron un plan estratégico nacional para erradicar las peores formas de trabajo infantil con miras al 2016. “La gente tolera mucho el trabajo doméstico infantil porque entienden que si le están proporcionando al niño techo y comida la cosa está bien”, dice.

Publicado en El Caribe

viernes, 27 de enero de 2012

Menores embriagados, potenciales adictos


Salvador Bautista empezó a tomar alcohol a los 12 años, a escondidas de su mamá. “Me juntaba con amigos que eran más grandes que yo, que bebían mucho, y así empecé a darme mis tragos”, dice Salvador, hoy con 20 años cumplidos y la costumbre de embriagarse con frecuencia.
Su historia se repite en gran parte de la población que consume alcohol en el país. Un estudio que presentaron en junio pasado el Consejo Nacional de Drogas (CND) y la Asociación Probienestar de la Familia (Profamilia) revela que el 75% de los que toman alcohol inició cuando era adolescente. De ese porcentaje, el 8.6% tenía menos de 13 años.
En tanto, el Ministerio de Salud Pública realizó un estudio el año pasado que arrojó que el 42% de la población consume alcohol en diferentes proporciones y el 58% son personas abstemias.
La población que experimenta la embriaguez en la niñez o la adolescencia va en aumento, según reflejan registros del Comité de Operaciones de Emergencia, de la Procuraduría General de la República y de centros de rehabilitación de adictos. No existen registros oficiales, pero la procuradora adjunta del departamento de Niñas, Niños y Adolescentes, Celeste Reyes, sustenta esa afirmación con el incremento de padres que han sancionado tras recibir la denuncia de que sus hijos se intoxicaron por la ingesta de licores. Afirma que en Navidad, Semana Santa y días de asueto es cuando más casos se reportan. En las recientes fiestas de Año Nuevo, Reyes conoció en San Cristóbal a un niño de siete años que se intoxicó por unos tragos de ron que le dio su tío, de 35 años. “El padre del pequeño había muerto y su tío, amargado por la muerte de su hermano, se puso a tomar hasta emborracharse. En un momento se hizo acompañar del niño porque le recordaba a su hermano”, narra la fiscal.
Ese adulto, al que se le dictó prisión preventiva, enfrentará una sanción de dos a cinco años de prisión y una multa que va de 500 a mil pesos, mientras el menor se encuentra en estado grave en un hospital. De acuerdo a Reyes, la Procuraduría no tipifica en sus registros ese tipo de casos. “No tenemos las cifras específicas, pero te puedo decir desde mi experiencia que cada vez son más los casos que nos llegan de menores ligados alcohol y eso es preocupante”, dijo.
Foto: Edward Roustand
La edad promedio en que la población dominicana tiene su primer contacto con el alcohol, según el estudio de Salud Pública, es la de 13 años, similar a la mediana de edad que se reporta el inicio de las relaciones sexuales en la República Dominicana.
Si observamos los informes del Centro de Operaciones de Emergencias en los feriados encontramos que en los últimos años más pequeños han sufrido los estragos de una borrachera. El informe de las pasadas navidades recoge que 24 menores, de hasta un año de edad, se intoxicaron por la ingesta de alcohol. El número representa un aumento del 50% con relación al año pasado, cuando 16 menores se enfermaron por esa causa.
Los jóvenes que consumen alcohol pueden desarrollar problemas de adicción en etapas posteriores de sus vidas. Salvador, por ejemplo, indica que ‘bebe’ “cada vez que tiene cuartos”. Trabaja como despachador en una ferretería donde devenga un salario de 4,000 pesos mensuales, de los que sabe gastar mil pesos en una noche de parranda. “A veces me invitan los muchachos, compran un galón (de ron) y nos lo vamos a beber tranquilos, en coro”, dice Salvador, que proviene de estratos humildes y no terminó la escuela primaria.
Carlos Manuel, de 15 años, también empezó a tomar a los 12 años, pero inducido porque veía esa conducta en su padre. Toma los fines de semanas o en fiestas, lo que para él no es un problema ni significa adicción. “Es algo que puedo manejar”, agrega. Precisamente esa falsa seguridad de que tienen la situación bajo control puede conducir a la adicción.
Echemos un vistazo a las estadísticas del centro de rehabilitación de adictos Hogar Crea Dominicano: en los últimos dos años 145 menores, de ocho años en adelante, han entrado al programa, de los cuales solo 18 culminaron el proceso, equivalente a 12.41%.
En la actualidad, de los 68 menores que reciben tratamiento, ocho chicos y cinco chicas tienen adicción al alcohol. “Pero el total general manifiesta haber tenido contacto con el alcohol aunque no sea su sustancia de preferencia, ya que a esta edad el consumo de alcohol no les representa un problema porque se trata de una droga legal”, explica el director de Tratamiento, Armando Espinal, que etiqueta a la dependencia de alcohol como la puerta de entrada a otras adicciones.
“Los jóvenes adictos al alcohol o cualquier otra sustancia es más vulnerable al VIH/Sida por el contacto con personas adultas que en muchos de los casos son quienes les proveen las sustancias para manipularlos”, añadió.

Existe una ley que poco se cumple

El cartel que reza “Prohibida la venta de bebidas alcohólicas a menores, Ley 136-03” que se cuelga en centros de expendio de licores por orden de la Procuraduría, para muchos no deja de ser un simple letrero que todos ignoran, pues en muchos de esos negocios se vende el ron sin restricción.
“La mayoría de los centros que violan la ley son los colmadones, las dueños de discotecas respetan más”, añade la magistrada Celeste Reyes.
Reyes explica que en los negocios en los que se detectan la violación de esa ley, la fiscalía lo cierra por un periodo de 15 a 60 días, dependiendo de si es la primera vez o si es reincidente. Ese cierre provisional se toma hasta que un juez determina la sanción, que consiste en el cierre definitivo del centro comercial y prisión para su propietario.

Salud Pública tiene un plan de acción

El departamento de Alcohol y Drogas de Salud Pública inició la semana pasada la capacitación de médicos y enfermeras del primer nivel de atención para que sepan cómo manejar los casos de adicción que llegan a los hospitales. El programa de formación, que se desarrolla junto al Centro de Orientaciòn e Investigaciòn Integral y la Fundaciòn Volver se extenderá a dirigentes comunitarios y maestros.
Elías Tejeda, encargado del departamento, apunta que en el hospital Francisco Moscoso Puello funcionará la primera unidad de rehabilitación para adictos al alcohol, del sector público.
“Quien empieza temprano en el acohol es un potencial enfermo y sería una carga porque no es un ente productivo. Es una carga familiar y para el sistema de salud”, indica Tejeda, que responsabiliza a los padres de la actitud de sus hijos menores. Salud Pública realizará una encuesta este año para determinar la población alcohólica.

Marina Orbe
PSICÓLOGA

“Las estadísticas de diciembre se elevan por la permisividad de los padres, muchas familias que no acostumbran a tomar alcohol en esa fecha lo hacen y dan permiso a sus hijos. Como consecuencia los menores le van tomando el gustito y luego ingieren alcohol por su cuenta”.

Celeste Reyes
PROCURADORA ADJUNTA

“Cada día aumenta más la cantidad de menores que encontramos en discotecas y bares. A nosotros nos preocupa mucho porque son muchas las consecuencias que eso trae desde deserción escolar, agresiones violentas y hasta intoxicaciones que pueden llevar al adolescente a la muerte”.

Armando Espinal
HOGAR CREA


Más del 90% de quienes vienen a Hogar Crea a rehabilitarse ha tenido que ver con el alcohol, no importa la sustancia a la que es adicta”

Elías Tejeda
SALUD PÚBLICA

La mayoría de los menores inicia el consumo en su hogar inducidos por sus padres, porque entienden que eso los convertirá en adultos”

miércoles, 18 de enero de 2012

Paternidad en la adolescencia afecta a toda la familia

JUVENTUD.  Deserción escolar y desorientación emocional son de las consecuencias que trae la paternidad en la adolescencia. Los padres también sufren la situación de su hijo.
Víctor Adrián (nombre ficticio) tenía 15 años cuando vio nacer a su primera hija. No “amaba  tanto” a la madre de la pequeña, según dice, una adolescente de 14 años, por eso nunca convivió con ella como pareja, a pesar de que sus padres lo obligaron a mudarse con la muchacha para “limpiar su honor”.

La psicóloga escolar Isidora Pérez. que asistió a los jóvenes y sus padres durante el proceso de embarazo hace dos años, recuerda que Víctor Adrián se mostraba ansioso y contrariado por la responsabilidad que tendría que asumir. “El adolescente se asusta, no está preparado para hacerse cargo de tareas propias de adulto y eso lo inquieta”, sostiene la psicóloga, que exhorta a los padres a no abandonar a sus hijos que están en esa situación, sino que deben apoyarlos para que salgan adelante.

De su experiencia de 10 años trabajando con adolescentes, Pérez destaca que son poco frecuente los casos de varones padres y que la mayoría de las chicas que se embarazan entre los 12 y 19 años tienen una pareja adulta.

Aunque las campañas de prevención del embarazo en adolescentes y de seguimiento cuando el bebé ya es concebido se centran con ímpetu en las chicas, la vida también cambia drásticamente para los chicos que les toca ser padres.

Un estudio realizado en el Centro de Medicina Reproductiva del Adolescente, en Chile, refleja que los varones adolescentes progenitores son afectados por la paternidad aún cuando evadan la responsabilidad, por los mismos conflictos y desorientación emocional que sufren las adolescentes. Habitualmente no se casan con la compañera, concluye en informe, pero cerca de la mitad de ellos contribuyen económicamente para los gastos del bebé, aunque con el tiempo ese aporte tiende a desaparecer.

Víctor Adrián coopera con la manutención de su hija. Dejó de estudiar cuando terminó el octavo grado en la Escuela Básica República Dominicana y se puso a trabajar como despachador en un almacén para poder sostener a su nueva familia. En el olvido dejó sus deseos de ir a la universidad.
Kelvin Santos junto a su hija.
Mientras, Kelvin Santos, de 17 años, cuenta que debido a la paternidad tuvo que continuar sus estudios en horario nocturno: “Ahora trabajo todo el día para ganarme mi par de 100 pesos y comprarle la leche a mi niña que tiene un año”.
Pérez, orientadora de la escuela básica República Dominicana, señala que muchos jóvenes no entienden que deben cambiar su estilo de vida y siguen de parranda y saliendo con los amigos como si nada ha pasado. “Las muchachas suelen concentrarse más en la crianza de su hijo y estar más pendientes, aunque  sus madres las ayudan”, dice.

Cambia la situación económica de los padres 

La paternidad adolescente produce cambios en la economía de los padres adultos porque les aumenta los gastos, ya que en la mayoría de los casos continúan manteniendo a la nueva familia, como es el caso de Kelvin Santos, que mudó a su esposa y su bebé para su casa paterna. En las familias de estrato medio el clima es más tenso y conflictivo que en las de estratos pobres, indica el estudio “Maternidad Paternidad en Adolescentes”, que en 2007 realizó el Consejo Nacional de Población y Familia. “Los padres tienen una actitud de recriminación permanente afectando el proceso de embarazo de las adolescentes e imponen la realización de bodas como acto social público para cubrir la falta”, dice el informe.
Cita que la principal causa del embarazo en adolescebres es el sostenimiento de relaciones sexuales “sin pensar” en que tenían que protegerse, por lo que no usaron anticonceptivos aún cuando conocían la existencia de ellos. Pérez recomienda a los padres que hablen claro del tema con sus hijos.

Publicado en El Caribe

martes, 17 de enero de 2012

Más adolescentes son madres, menos se planifican

Salud Pública registra que el 20% de los nacimientos en hospitales ocurren de madres entre 12 y 19 años
Fotos: Danny Polanco
La sala de espera para vacunación estaba silenciosa hasta que llegó Lorena Montero Jiménez. El llanto de su bebé de dos meses acaparó la atención de la media docena de madres adolescentes que, como ella, también esperaban turno para vacunar a sus crías. El Ministerio de Salud Pública reporta que de 200 mil nacimientos que se registraron en el sector público el año pasado, 40,000 correspondieron a madres con edades entre 12 y 19 años de edad, el 20% del total.

Un pantalón vaquero ajustado y la blusa de tirantes que no cubre bien los senos de Lorena disimulan sus 14 años y la hacen lucir mayor. En vez de útiles escolares, la chica carga un bulto con pañales. Ha cambiado el camino hacia la escuela por el que la conduce al Hospital Maternidad La Altagracia, en el Distrito Nacional, donde el número de madres de su edad se ha incrementado en los últimos dos años.

A diario acuden a ese hospital 15 menores en gestación para consultarse por primera vez en el Programa de Atención Integral para Adolescentes Embarazadas. Los registros que esa Maternidad guarda del año que recién finalizó reflejan un aumento de un 15% en el número de menores nuevas que acudieron a consulta de maternidad con relación a las cifras del 2010.

Los registros de este hospital son mayores que los que a nivel general presenta el Ministerio de Salud Pública. Del total de embarazos que se reportan en ese hospital, el que más partos realiza en el país, el 30% corresponde a adolescentes, un promedio que se mantiene desde hace años. Pero lo que más preocupa a la coordinadora del programa para madres adolescentes, doctora Esther Portes, es que muy pocas regresan a planificarse luego de alumbrar a su primer hijo. De 2,958 menores que se atendieron el año pasado, sólo 852 se acercaron al centro de salud para solicitar algún método de planificación, el 28%. Mientras que en 2010, de 2,569 menores consultadas, sólo 813 se planificaron.

“Ellas no responden como esperamos, a pesar de las orientaciones que se le da.  Muchas se quedan en su casa, otras se olvidan y se embarazan rápido. No es por falta de orientación, es que sencillamente a ellas no les interesa”, opina Portes.

Indica que también puede influir la zona en la que se encuentra la Maternidad, ya que está en un sector de clase media que está alejado de los barrios más deprimidos de la ciudad, que es de donde proviene el grueso de las pacientes. “Este hospital les queda muy lejos, muchas no tienen el pasaje para venir o se les dificulta por otras razones”, afirma.
Lorena Montero después de vacunar a su bebé.

Consecuencias 

Lorena dejó la escuela cuando cursaba el primer año de bachillerato. “Quiero seguir estudiando, lo que pasa es que ahora no puedo”, dice. La deserción escolar es uno de los impactos negativos más fuertes producto del embarazo en adolescentes, señala un estudio realizado por la Asociación Dominicana Pro Bienestar de la Familia y el Centro Nacional de Investigaciones en Salud Materna Infantil, en marzo de 2011.

El informe “Embarazo en adolescentes, ¿Una realidad en transición?” señala que cuando las menores abandonan los estudios tienen menos posibilidades de insertarse en posiciones más competitivas y mejor remuneradas en el mercado laboral, en un futuro. 
“Al depender económicamente de sus parejas masculinas u otros familiares para cubrir los gastos básicos de sus hijos, están más expuestas a situaciones de violencia de género y transmisión de VIH”, indica el estudio. También está el impacto emocional. Muchas niñas suelen romper la relación con sus padres después de que deciden hacer vida de adultos antes de tiempo.

Lorena enfrentó una fuerte discusión con su padre, que reside en el extranjero, porque él le pedía que se separara de su pareja. “Mi papá tuvo un tiempo que me dejó de hablar, me amenazaba con agredir a mi esposo. Las cosas se arreglaron un tiempo pero después de que parí volvieron los pleitos”, dice la adolescente. Mientras que Marleni Pérez, de 15 años, sufrió la reacción violenta de su papá: “Él me quería matar. Me botó de la casa. Entonces tuve que mudarme con el papá de mi niña en la casa de mamá”, sostiene.
Los padres también sufren

Hay padres a los que les embarga una mezcla de decepción, amargura y desilusión cuando se enteran que su hija adolescente espera un bebé. “La noticia me cayó como una ‘pedrá’. Me sentí fatal”, manifiesta Angiolina De La Rosa al referirse al caso de su hija María Sulenyi Coss, de 16 años.
“Yo quería que ella terminara sus estudios y que fuera una muchacha independiente antes de que tuviera hijos”, agrega Angiolina, que trabaja como doméstica. Expone que la llegada del bebé ha puesto en apuros a su familia en términos económicos, pues ella es la única que está trabajando actualmente. 

A Margarita Correa De León lo que le duele es que su hija Paola, de 15 años, haya dejado la escuela. “Fue un dolor muy fuerte. Llore muchísimo. Pero a uno no le queda de otra que seguir adelante. Yo le aconsejo que no deje los estudios pero no me ha valido”, comenta.

Riesgo
Una de cada cinco muertes maternas es una mujer que no ha llegado a los 20 años
Se trata de un problema multifactorial

El director general del Departamento Materno Infantil del Ministerio de Salud Pública, José Deláncer Despradel, explica que el embarazo en adolescentes va más allá que un problema de salud y que incluye a los sectores que trabajan con la mujer, con la juventud, Justicia y Educación.

“Cuando una niña se 12, 13 ó 14 años se embaraza no lo hace en un hospital, sino en la escuela, en el barrio o en el núcleo de su familia. El sistema de salud la atiende pero no es el responsable, por tanto hay que abordarlo desde otros puntos de vista”, destaca. 

Criticó que se enfoque como un tema exclusivo de salud. “La mayoría sale embarazada de un adulto, entonces hay que ver qué está haciendo la justicia en ese caso, por ejemplo. Hasta que la sociedad no entienda que es un fenómeno multifactorial que tiene que ver con pobreza, no vamos a poder resolver ese problema nunca”, dice.  

Salud Pública junto a un comité interinstitucional elaboró el año pasado un programa de prevención del embarazo en adolescentes que se desarrolla con perspectiva de género y enfocado en los derechos humanos.

domingo, 15 de enero de 2012

Monjas preparan hostias en oración

Para las hermanas de clausura Carmelitas Descalzas tener la responsabilidad de elaborar las hostias es una bendición de Dios, por lo que lo hacen con alegría.
Fotos: Laritza Calvo

A las ocho de la mañana se encienden las planchas en las que se preparan las “formas” que luego se convertirán en hostias. El proceso empieza justo después de que las hermanas de clausura, Carmelitas Descalzas del Monasterio Santa Teresa de Jesús, asistieron a misa y terminaron sus primeras oraciones de la mañana.
Sor Ana Julia Suriel prefiere mezclar los ingredientes a las seis de la mañana, antes de ir a misa, cuando se trata de fechas como Navidad, Adviento o Cuaresma, porque la demanda se duplica.
Harina de trigo y agua bien fría bastan para formar la pasta con que se fabrican las “formas”, el nombre con que se denomina el pan eucarístico antes de ser consagrado. El sonido de las tres batidoras eléctricas, el zumbido de la plancha y de la cortadora rompen el silencio solemne del monasterio hasta las 12:30 del mediodía, cuando las tres hermanas que tienen a su cargo elaborar el pan han mezclado ya unas cien libras de harina y cortado unas 40 mil hostias.
Cada semana las hermanas despachan 200,000 unidades de hostias, de las que 180,000 son adquiridas por la arquidiócesis de Santo Domingo. El resto las procuran sacerdotes de otras diócesis del país y de Haití.
Monseñor Benito Ángeles Fernández, coordinador del Centro de Formación Integral Juventud y Familia, explica que cada una de las doce diócesis que componen la Iglesia Católica tiene una congregación de monjas que prepara las hostias. Apunta que cada diócesis demanda en promedio 125,000 unidades a la semana, lo que significa que aproximadamente comulgan un millón y medio de católicos en las 560 parroquias que hay en el país.
“Ahora en Navidad esto fue increíble, la cantidad de personas que fueron a la iglesia, que comulgaron, que se acercaron a Jesús. Yo lo sé, porque tuve que trabajar bárbaramente. La producción aumentó casi al doble”, dice sor Ana Julia.
Encima del hábito marrón se acomoda un delantal, para evitar cubrir de harina la sagrada vestimenta. Sin embargo, es inevitable que el polvillo blanco se asiente en el velo negro y hasta las cejas de las monjas.
La sala donde se preparan las hostias es espaciosa, de unos 7x4 metros. Tiene amplios ventanales que dejan pasar la luz del sol y la brisa de invierno, pero aún así hace calor y el sudor no cesa en las hermanas porque ellas no paran supervisando que las máquinas funcionen correctamente. Están pendientes de echar los ingredientes y graduar las máquinas para que la oblea salga con el grosor y la textura adecuados. Ninguna se sienta hasta que el proceso termina con la distribución manual de las hostias en paquetes de 1,000 unidades de tamaño pequeño, que tiene un costo de 200 pesos; y 50 de las grandes, que se venden a 100 pesos.
Las religiosas laboran con una alegría contagiosa y concentrándose por momentos en la oración. “Este es el trabajo más hermoso que tenemos. Durante la preparación yo pienso las personas que van a recibir el cuerpo de Cristo y cómo esto se convierte en pan de vida para tantas almas”, expresa sor Margarita Frías.
“Cada hostia se convierte en el cuerpo de Jesús y a cada una de nosotras nos conmueve este trabajo. Una se siente motivada a orar por la persona que lo va a recibir y porque no sea profanada”, agrega Ana Julia.
Ellas invierten en la compra de la harina. Debido a los apagones, la mayor parte del tiempo utilizan planta eléctrica, lo que se traduce en un gasto de unos 40 mil pesos mensuales en gasoil.
Las hostias llevan plasmadas diferentes imágenes de cruces y una que identifica al monte calvario donde Jesús murió. Es un pan sin levadura que no tiene sabor. Para comulgar en la eucaristía la persona debe estar en paz consigo misma y con los demás. Ese acto significa recibir el amor de cristo, lo que proporciona gozo a los católicos.
Hostia consagrada
Las monjas venden las hostias que preparan sin distinción de personas, porque no están consagradas. Esa condición sagrada la adquieren cuando en el altar el sacerdote pronuncia la oración consagratoria en la eucaristía. Los restos de hostias ellas se los dan a personas pobres que lo pidan, quienes suelen triturarlos y mezclarlos con leche para comer. También sirven de alimento para conejos, gallinas y cerdos.
Las hostias consagradas se reservan en el sagrario.

Monseñor Benito Ángeles, también párroco de la iglesia San Antonio de Padua en Gazcue, explica que la hostia se recibe en el altar como un simple pan y que su fuerza la adquiere cuando el sacerdote -que es “otro cristo” al celebrar la eucaristía- realiza una memoria como lo hizo Jesús el día de la última cena. El sacerdote realiza la consagración cuando pronuncia “Tomen y coman, este es mi cuerpo que será entregado por  ustedes”, en ese momento se produce lo que teológicamente se denomina transubstanciación. “Eso significa que una vez el poder del sacerdote actúa con el poder de la palabra, que le ha sido dada por su consagración sacerdotal, entonces el pan que era pan deja de ser pan y se convierte en el cuerpo de Cristo”, expone monseñor Ángeles.

Elementos 

Se humedecen antes del corte
Luego que la máquina bate y forma la oblea crocante, una hermana se encarga de retirar cada unidad y llevarla a un horno encendido a 40 grados, donde se humedecen. Pasadas tres horas se retiran del horno y se procede a cortarlas en una máquina especial.

La cernidora 
Otra máquina eléctrica, que tiene un movimiento vibrador, divide las que están en buenas condiciones de las que resultaron mal cortadas. Debajo hay un cajón que recoge las hostias. Luego una hermana pesa las hostias buenas para saber qué cantidad empacará.
Cáliz-Patena 
Las hostias consagradas se guardan en unos copones dentro del sagrario. A la hora de comulgar se presentan en una patena. Su forma redonda representa la universalidad de Cristo, lo infinito, un misterio que la humanidad no logra comprender, dice monseñor Benito.
Paños Purificados 
Los sacerdotes utilizan un pañuelo purificado para limpiar el cáliz y la patena para que no se pierda el más mínimo trozo de la hostia consagrada. Ese paño se usa una vez y luego se le delega a una persona para que lo lave y lo prepare para la próxima eucaristía.


Tras una vida de silencio y oración

La Orden del Carmen nace en el Monte Carmelo, al norte de Judá, hace ocho siglos. Llegó al país a principios de la década de 1950. Se ganan su sustento con la elaboración de hostias, la confección de vestiduras litúrgicas y otras actividades propias de la iglesia.
El espíritu de esta congregación es estar en intimidad con Dios. Oran ante todo, meditan día y noche la palabra de Dios por medio de la oración silenciosa y personal. Las hermanas están abiertas a recibir a quienes desean unirse a su misión de servir a Dios. El Monasterio Santa Teresa de Jesús se ubica en el Residencial Loyola, Santo Domingo Oeste; teléfono (809)530-2786.

Publicado en El Caribe

viernes, 25 de noviembre de 2011

Dejar agresor requiere firmeza

Rosa Esther había soportado resignada los golpes y ofensas de su esposo hasta que la ira de él se extendió hacia el hijo de ambos, que para entonces tenía un año y cinco meses de edad.Cuando vio que su pareja, después de agredirla pegándole una plancha caliente en el vientre cinco veces, la emprendió a golpes contra su niño, ella decidió que ese sería el último día que viviría como víctima de violencia.

Hoy Rosa Esther se cuenta entre las que lograron liberarse de esa agonía. “Sí se puede”, afirma, antes de contar su historia al equipo de elCaribe que la visita a su lugar de trabajo. “Hay que enfrentar la situación con firmeza y perseverar. Una vez que te decides no puedes echar para atrás”, agrega.
Rosa Esther de Jesús.

La joven, de 29 años, sostiene que el primer paso es reconocer el problema y buscar ayuda. Ella acudió a la Fiscalía de Baní a poner la denuncia y, como no actuaron rápido, se dirigió a una Unidad de Atención a Víctimas de Violencia Intrafamiliar y Delitos Sexuales en el Distrito Nacional y, también, al Ministerio de la Mujer, donde recibió asistencia legal y médica gratuita. “A mi hijo y a mí nos llevaron a una casa de acogida, ese lugar para nosotros fue el cielo”, dice.

“Allí duramos 17 días. Se encargaron de acompañarme a las audiencias, del divorcio y darme fuerzas para no aceptar nunca más ningún chantaje”, especifica Rosa Esther, que para esa época tenía 25 años.

Advierte que el trayecto hacia la justicia no es fácil, porque el agresor continúa hostigando y algunos familiares intervienen para persuadirla de que retire la denuncia. “La decisión principal es de la persona que está recibiendo maltrato intrafamiliar, de pedir ayuda y decidir decir ‘es hasta hoy, denunciare a mi agresor’. De todo lo otro se encargarán las autoridades…. Para ver la gloria debes tomar decisiones y el que no te maltraten de ninguna forma es una gloria”, dice.

Natividad López, titular del departamento de No Violencia del Ministerio de la Mujer, explica que existe una cifra muy alta de mujeres que no denuncian porque el miedo las paraliza. Además, de acuerdo a los casos que han trabajado, cuando la víctima toma la iniciativa es porque lleva varios años aguantando golpes de su pareja.

Apunta la psicóloga que es preciso desmontar de la sociedad la creencia de que “en pleito de marido y mujer nadie se mete”. “Claro que hay que inmiscuirse, porque eso deja de ser un problema personal y se convierte en un problema en el que todos debemos participar para erradicarlo”, dice.

Sergia Galván, directora de la Colectiva Mujer y Salud, cita entre las consecuencias que genera la violencia, el ausentismo laboral, el aumento del riesgo de la víctima a contraer enfermedades de transmisión sexual y la desintegración familiar. Además, causa daños a la salud emocional de los familiares cercanos a la víctima.

Marisol (nombre ficticio), de 27 años, narra que mientras vivió unida a un hombre que la agredía, su madre enfermó de los nervios. Ella decidió alejarse de su familia por miedo a que fueran afectados. “Recuerdo que la gente me huía, si me acercaba a un grupo se desbarataba, porque la tenían miedo de que se apareciera mi expareja a golpearme. Me sentía rechazada”, cuenta esta madre de dos hijos, liberada hace un par de años de la situación de violencia a la que estuvo confinada por casi un lustro.

El hombre agresor

Rosa Esther recuerda que su expareja era muy celosa, le controlaba su forma de vestir y de actuar. “Siempre buscaba un motivo para celarme, para él mis compañeros de trabajo eran mis amantes. No le gustaba que yo visitara a mi familia, me quería tener aislada. Me llamaba a cada rato y me amenazaba con hacerle daño a mi familia”, detalla.

También, indica, le gritaba insultos que afectaban su autoestima y se burlaba de sus pequeños logros personales.

La ministra de la Mujer, Alejandrina Germán, indica que la mayoría de las víctimas de feminicidios son jóvenes de estratos muy humildes que no tienen los medios para sostener su hogar económicamente y tampoco tienen la responsabilidad de dirigir una familia.

La gran parte de las jóvenes muertas a manos de su pareja o expareja tiene edades que oscilan entre los 15 y 35 años. Germán abogó porque se fomente que la mujer sea autosuficiente, que se prepare académicamente lo más que pueda, de manera que pueda acceder a un mejor empleo.

“Liberarse de la violencia depende mucho de su independencia económica, vemos cómo la mayoría de las víctimas de feminicidio dependen del hombre en ese sentido”, sostuvo la funcionaria.

En tanto, la directora del Centro de Servicios Legales para la Mujer, Maris Lucila Lara, expone que debido a la falta de respuestas positivas y a tiempo de parte de la Justicia y la Policía Nacional muchas mujeres abandonan su denuncia. “También puede darse por miedo, por las amenazas de familiares del victimario o por su propia familia, que no evita que el problema siga, por el contrario lo agudiza”, dice.

Criticó que los plazos para citar al agresor se extiendan hasta por tres meses, lo aumenta el riesgo de muerte en las futuras víctimas. “Todo esto se da porque nuestras mujeres no cuentan con los recursos para pagar a un alguacil que entregue la cita y asumir otros gastos”.

Ellos también sufren violencia

Estadísticas de la Unidad de Atención a Víctimas de Violencia del Distrito Nacional, reflejan que el 86.5% de las denuncias corresponde a mujeres que se querellan contra sus agresores, mientras que el 14.5% está relacionado a hombres que dicen ser víctimas de violencia, pero cuando se investigan esos casos, sólo un 3% son verdaderas víctimas.

El resto de los casos corresponde a violencia reactiva, es decir, que es la respuesta de una mujer que ha sido sometida a maltratos y ofensas de parte del hombre y ha llegado a la desesperación.

"No puedes permitir que una persona lleve el rumbo de tu vida. Hay que enfrentarlo con una decisión real”
Rosa Esther De Jesús
Liberada de Violencia


Un hecho reconocido a nivel mundial
La trágica muerte de las hermanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, por parte del régimen de Rafael Leonidas Trujillo, ocurrida el 25 de noviembre de 1960, motivó que la Asamblea General de las Naciones Unidas declarara esa fecha como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. El 17 de diciembre de 1999 quedó instaurada esa conmemoración, mediante la resolución 54/134.

La ONU invitó a los gobiernos, las organizaciones internacionales y las organizaciones no gubernamentales a que organicen en este día actividades dirigidas a sensibilizar a la opinión pública respecto a ese problema. Las jóvenes eran oriundas de Salcedo, hoy provincia Hermanas Mirabal, donde se encuentra un museo, establecido en la que fue su casa paterna.

Convocan a una concentración
Con motivo de la celebración del “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer”, organizaciones de mujeres y de la sociedad civil convocaron hoy a una concentración en el Parque Independencia.

La Colectiva Mujer y Salud lamentó que el país sufra “un incremento sin precedentes en los casos de violencia de género, con más de 200 feminicidios en lo que va de año y más de 64,000 denuncias de violencia intrafamiliar”.

Hombres se integran más a campaña contra violencia a la mujer


Cuando se habla de violencia de género, las campañas de prevención, comúnmente, se dirigen hacia la mujer. ¿Y los hombres qué? Sayo Aoki, representante adjunta del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), indica que es importante que se vea a los hombres no como ofensores, sino como agentes del cambio del problema, porque la mitad de la población es masculina.“Cuando trabajamos la prevención en las escuelas hablamos con las niñas, las profesoras y las madres sin involucrar a los hombres en este proceso, cuando su participación es sumamente importante, porque los padres tienen que estar de acuerdo”, explica.

Para ilustrar cómo la sociedad justifica las agresiones que sufren las mujeres o cómo la sociedad las culpa a ellas de su propia desgracia, Aoki cita los resultados de un estudio que realizó en 2008 la Organización Internacional del Trabajo en conjunto con Unicef sobre la explotación sexual comercial de adolescentes en Boca Chica.

El 59% de los encuestados (de ambos sexos) consideró que las adolecentes que eran víctimas de explotación sexual sus familiares eran culpables de esa situación. Mientras que sólo el 3% señaló a los hombres que compraban esos servicios como los responsables de que adolescentes se prostituyeran en Boca Chica.

“No es suficiente que las mujeres luchen contra la violencia porque ellas son la mitad de la población. Nosotros no podemos tomar esto como un enfrentamiento entre los hombres y las mujeres, sino que cada uno debe asumir la lucha como un mal que debemos erradicar”, agrega.
En el país se empieza a entender que también hay que trabajar con los varones. Los hombres comienzan a presentar iniciativas novedosas, como la que ha difundido desde hace un par de semanas en los medios de comunicación y redes sociales, un grupo que propone reunir un millón de firmas de hombres que se comprometen o reafirman su compromiso de no ser fuente de violencia. Para mañana, Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, tienen previsto una jornada de recolección de firmas en instituciones públicas y privadas, oficinas, universidades, empresas y todo lugar con presencia masculina.

De parte del Estado se destaca la iniciativa de la Fiscalía del Distrito Nacional, que puso en marcha la campaña denominada “Masculinidad sin violencia”, que se ha extendido a algunas provincias.

Luis Vergés, director del Centro de Intervención Conductual para Hombres, detalla que se basa en una estrategia para que los varones inicien el proceso de separar su masculinidad de la conducta violenta, asumiendo que ese vínculo ha sido reforzado con el paso del tiempo y la mujer se lleva la peor parte.

Mediante la capacitación intentan desmontar los códigos aprendidos y separar a los hombres violentos de los no violentos. Han entrenado a 200 líderes comunitarios de 15 barrios de la capital, que tienen la encomienda de multiplicar lo aprendido a 30 personas, con el objetivo de lograr impactar de manera directa a 6,000 hombres.

Elaboraron un manual de prevención de violencia y un boletín que circulará cada tres meses con informaciones útiles para toda la familia.

La conducta violenta del hombre es un problema multicausal. Vergés indica que en algunos casos el hombre la aprende, ya sea porque la observó, porque fue víctima o porque obtuvo ganancias al intercambiar esa conducta con alguien.
“En el fondo, con esa actitud, el hombre expresa el concepto devaluado que tiene sobre las mujeres”, dice Vergés.

Luis José Chávez 

Ellos se comprometen por respeto a ellas
“A los dominicanos nos están desacreditando. Dicen que somos los más agresivos del mundo, cuando presentan al país con altos índices de violencia intrafamiliar. Creo que no podemos permanecer impasibles, como si no pasara nada”, expresa el periodista Luis José Chávez, vicepresidente del Centro de Información y Comunicación (Cicom), cuando se refiere a los motivos por los que emprendió la iniciativa de recolectar un millón de firmas contra la violencia. El objetivo es que cada empresa, institución y barrio se constituya en punto de encuentro.

Quien se quiera unir a la campaña sólo tiene que escribir su nombre y lugar de procedencia. “Estamos dando un primer paso y esperamos que sea en grande. Espero que este esfuerzo pueda reflejar una tendencia de disminuir los feminicidios en el país”, confía Chávez. Una veintena de gremios y organizaciones civiles respaldan su propuesta.

El dilema de denunciar



Mujeres víctimas de violencia están destinadas a seguir una ruta crítica para denunciar su maltrato. En ese trayecto hacia la Justicia se ven expuestas a perder su vida dramáticamente antes de que su agresor sea sancionado, debido a que el sistema está diseñado de forma que a ellas les corresponde entregar al hombre abusador la orden de alejamiento que obtienen cuando ponen la querella en la Fiscalía o la Policía. También, a la mujer le toca ubicar al victimario para entregarle el acta de conducencia, que es la que especifica el apresamiento.

Adris Sánchez, de 32 años, narra que pasa todo tipo de peripecias cuando pone una querella por los golpes que sufre de su esposo, en Villa Mella, Santo Domingo Norte. “Lo último que tuve que aguantar fue que un fiscal me mandara a callar y alegara que mi caso no era tan grave”, dice. 

Ganas de desistir no le han faltado a esta mujer que lleva 14 años unida a su agresor. La decisión de denunciar la presión psicológica, los golpes casi mortales que le propina y las amenazas de agredir a su familia que ese hombre le infunde vino motivada por la historia de su amiga Fiordaliza Fructuoso, que también ha sido víctima de violencia. 

Fructuoso, de 38 años, ha obtenido once órdenes de alejamiento y 25 órdenes de conducencia contra su pareja; aunque todavía él no ha sido juzgado, se encuentra preso. 

Fiordaliza explica que cada vez que intentaba entregar a su agresor las actas, él se ponía más violento y descargaba su ira en ella con mayor intensidad. La última vez le propinó 20 puñaladas. 

“Hay que tener mucha fuerza de voluntad para seguir adelante. Cuando fui a poner la última denuncia me dijeron ‘vaya y búsquelo, cuando lo encuentre nos avisa’. Si tú no le ‘mojas’ la mano a un Policía no creas que él va a salir a buscar al hombre que te golpea”, puntualiza.

Fiordaliza recuerda que hubo ocasiones en las que cuando conocía el paradero de su agresor sólo tenía 200 pesos en el bolsillo y prefirió ignorar esa oportunidad de apresarlo para usar ese dinero en la alimentación de sus cuatro hijos. Las órdenes de conducencia caducan, lo que significa que la mujer debe repetir la inversión para obtener una nueva, cuantas veces no logre apresar al abusador en el tiempo que establece el documento. 

La directora ejecutiva de la Colectiva Mujer y Salud, Sergia Galván, expone que se trata de un círculo que provoca que la víctima desista de su intención de denunciar y que automáticamente incrementa sus posibilidades de morir a manos del hombre abusador.

“Es una ruta desalentadora. El costo económico es muy alto. La mujer debe pagar por un examen médico, los servicios de un abogado, el transporte… y gran parte de las mujeres vienen de estratos muy humildes y se le hace difícil asumir esos gastos”, destaca. 

Foto: Laritza Calvo. En las Unidades de Atención a las Víctimas de Violencia Intrafamiliar y Delitos Sexuales un hombre y una mujer reciben las denuncias.

Cuando se habla de las soluciones para facilitar el acceso a la Justicia, sale a relucir la necesidad de que el Ministerio Público y la Policía cuenten con más recursos para poder ofrecer el servicio.

“Vas a la Policía o a una fiscalía y te encuentras con que tienes que buscar el transporte del alguacil, ya sea pagándole el pasaje o llenándole de combustible los vehículos, si es que los tienen”, indica Galván.

Experiencias como la de Adris y Fiordaliza no se observan en las Unidades de Atención a Víctimas de Violencia Intrafamiliar y Delitos Sexuales, donde la mujer maltratada recibe una atención integral. Se trata de unidades modelo que funcionan desde el 2005, el problema es que son insuficientes: sólo existen 14.
La magistrada Aracelis Peralta, coordinadora de Violencia de Género de la Fiscalía del Distrito Nacional, afirma que la idea es establecer esas unidades en todo el país. Explica que en la que dirige se han recibido en los últimos tres años unas 20 mil denuncias, de las que el 22.3% correspondió a violencia de género.

“Más del 60% se trata de agresiones verbales. Las mujeres denuncian más la violencia psicológica, eso indica que ya no esperan a sufrir el maltrato físico para buscar ayuda”, expone.

Afirma que se han logrado sanciones

Aracelis Peralta, procuradora adjunta de la Corte de Apelación del Distrito Nacional, resalta que este año se registran logros en materia de la lucha de género. Indica que se dictaron 25 sentencias condenatorias, de los que tres casos corresponden a víctimas que habían retirado su denuncia, pero el Ministerio Público les dio seguimiento porque contaba con pruebas contundentes.

Cinco de los agresores cumplen una pena de diez años, el resto entre uno y ocho años de prisión. “Para nosotros eso es un triunfo porque la mayoría de las mujeres desiste de continuar con el proceso hasta los tribunales”, opina.

Recomiendan no conciliar


El triste final de la vida de Florángel, que a sus 22 años era madre de cuatro hijos, fue presagiado por su abogada Juana Rosario Peña, pero ella no le hizo caso. Rosario Peña, que integra el equipo de abogados del Ministerio de la Mujer, le había advertido que si accedía a reconcialiarse con su esposo agresor tenía altas probabilidades de engrosar la lista de feminicidios en el país. Y así fue.

“Lo hice por mis hijos. No tengo para darles de comer”, recuerda Juana que con esa frase le respondió la joven que residía en Sabana Perdida, Santo Domingo Norte, cuando ella le replicó por qué retiraba las acusaciones que había hecho contra su pareja. “Florángel se fue a conciliar a escondidas, contrató otro abogado. A la semana de estar junto a su esposo nos reportó que él volvió a golpearla. Un mes más tarde la encontraron muerta por unos matorrales en San Luis”, narra Rosario.


La historia de Florángel es una de las miles que quedan en el anonimato, porque no existen registros oficiales de las mujeres que mueren o continúan sufriendo maltrato de manos de su agresor después de conciliar. Para tener una idea de esa cifra, la procuradora de la Mujer, Roxanna Reyes, detalla que el año pasado recibieron en el Ministerio Público unas 64,000 denuncias sobre violencia doméstica y de género, de las que sólo el 4% llegó a los tribunales porque la mujer abandonó la lucha.

La ley 24-97, que sanciona la violencia contra la mujer, doméstica e intrafamiliar, no prohíbe la conciliación. Mientras que el Código Procesal Penal, que entró en vigencia en 2004, especifica que esa acción es permitida siempre que no haya coacción.

Reyes entiende que el sistema tiene que fortalecer la articulación entre todos los actores para que las políticas sean efectivas. La ley 24-97, elaborada hace 15 años, ya cumplió su cometido. Una comisión que integran diversas entidades que trabajan con temas referentes a la mujer participa en la reforma de esa norma. “La Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados ha reconocido la figura de feminicidio dentro del Código Penal, lo que es importante porque se trata de una violencia extrema. En América Latina las penas van hasta por 40 años”, explica.

La directora de Políticas de Igualdad del Ministerio de la Mujer; María Ramos, se opone a la conciliación porque las partes están en condiciones desiguales. La mujer está sometida con actos de violencia, y la otra parte, el hombre, está imponiendo su poder. “El acuerdo sólo es permitido cuando las partes están iguales, que la mujer está apta para discutir, de pensar y actuar libremente”, opina Ramos.

El perfil de la mujer maltratada es el de una persona sumisa e inofensiva, porque la violencia la ha sometido a la obediencia. “Ella no puede expresar lo que quiere porque ha sido coartada por golpes, heridas y hasta por violencia económica”, agrega Ramos.

Las abogadas del Ministerio de la Mujer, que ofrecen asistencia de forma gratuita, no participan en la conciliación. Lo recomendable es que el equipo multidisciplinario que interviene en los casos de violencia de género, como médicos legistas, psicólogos y abogados, sugieran al juez que la mujer no está en condiciones de conciliar.

Sergia Galván, directora ejecutiva de la Colectiva Mujer y Salud, critica que las órdenes de protección que se asignan a las víctimas no se cumplan en la mayoría de los casos. Una de las razones, dice, porque el Ministerio Público no tiene los recursos para actuar.

Galván sostiene que debería haber una infraestructura en el sistema de justicia que garantice esa protección. Consideró que la legislación que regula esa situación, aunque buena, es “letra muerta” debido a que, dijo, no hay voluntad para ejecutarlas. “Se está hablando mucho, pero realmente se hace muy poco.

Opiniones


Roxanna Reyes
Procuradora de la Mujer
“Es importante fortalecer los canales de denuncia y ampliar la cobertura de información y empoderamiento para que ellas puedan identificar cuando son víctimas de maltrato, qué hacer en esos casos y dónde pueden buscar ayuda”.

Sergia Galván
Directora Colectiva Mujer y Salud
“Una conciliación es como una licencia que le dan al hombre para que asesine a la mujer o continúe maltratándola, porque hay una relación desigual de poder. Todavía hay resistencia de muchos diputados para eliminar esa figura”.

María Ramos
Ejecutiva del Ministerio de la Mujer
“Falta más trabajo social, falta más seguimiento a las víctimas de violencia. Es importante que se aumenten los centros de atención a sobrevivientes y que se creen más centros para la rehabilitación de hombres agresores, que sólo hay uno para eso”.

Saña se acentúa en feminicidios


Mujeres son muertas de forma desgarradora, agresores recurren a desmembramiento de órganos y mutilaciones.
Fiordaliza muestra la ventana de su habitación, la que tuvo que condenar con una hoja de cinc debido a que su agresor entraba por ahí. 

Ya maté a esta perra”, murmuró Emmanuel Pérez, de 32 años, cuando abandonó a su esposa desangrándose en el asfalto, después de propinarle 20 puñaladas en distintas partes de su cuerpo.
Emmanuel pensó que había matado a Fiordaliza Fructuoso, de 37 años. Sin demostrar arrepentimiento, se alejó del cuerpo a paso lento y sereno ante la mirada de vecinos del sector Vista Bella, en Santo Domingo Norte.

Fiordaliza se salvó de milagro. Tuvo fuerzas para arrastrarse hasta colocarse debajo de un vehículo, donde evitó que su agresor la continuara agrediendo.
Un año ha transcurrido desde aquel 17 de noviembre.
Fiordaliza llora cuando rememora los ataques que sufrió durante los ocho años que vivió con Emmanuel: “Me sacaba las uñas de los pies con un martillo, me apretaba el cuello hasta asfixiarme. La pistola que él tenía, un cuchillo, un palo, cualquier cosa usaba para golpearme”.

Llama la atención la tendencia que se observa este año en las agresiones a las mujeres, que reflejan más crueldad y odio. Los agresores parecen no conformarse con dejar a su víctima muerta sino que insisten en torturar el cuerpo inerte.
Roxanna Reyes, procuradora de la Mujer, informa que en los primeros nueve meses de este año, registró 178 feminicidios íntimos y no íntimos, pero no destaca la forma en que dieron muerte a las víctimas.
Sin embargo, un vistazo a reseñas publicadas en la prensa en lo que va de año encontramos historias desgarradoras, como la que ocurrió la semana pasada en Hacienda Estrella, Santo Domingo Norte.

Se trata de Cándida de la Cruz, de 50 años, que fue atacada a machetazos por su marido. Le arrancó dos dedos de las manos y una oreja. Además, la hirió en el cráneo y la espalda. “Me decía ‘te voy a matar para que tú no seas de otro’, porque yo no quería seguir con él”, expone la mujer sobreviviente.

Otro caso horrible ocurrió el pasado octubre en el Batey Esperanza de San Pedro de Macorís. La víctima fue Andreína de los Santos, cuyo esposo además de apuñalarla, también le roció gasolina y le prendió fuego.

En el distrito municipal Villa Sombrero, provincia Peravia, Altagracia Deyanira Cordero, de 25 años, murió de los múltiples machetazos que le propinó su pareja. Mientras que en julio pasado, Bernardo Antonio Batista picó en trozos el cuerpo de su esposa después de haberla estrangulado en la vivienda que compartían en Sabana de la Mar.

La directora de Políticas de Igualdad del Ministerio de la Mujer, María Ramos, opinó que es “sumamente preocupante” que la saña sea cada vez más grave y que para agredir se recurra a desmembramiento de órganos y mutilaciones.
“Eso obedece al aprendizaje de culturas. Ha incidido la pérdida de valores, los medios electrónicos y mensajes que transmiten los medios de comunicación”, explica.

La abogada cree que el aumento de la violencia en sentido general, las guerras y actos de destrucción masiva que se transmiten por televisión, inciden directamente en el receptor porque los conduce a imitar patrones que existen en otras naciones.
“Ahora vemos que hay videojuegos que enseñan a los niños a matar, a confrontarse entre ellos con juguetes de exterminio. Ellos celebran quien logró ‘matar’ más.
Eso lo ven como un simple juego, algo normal”, dice.

Ramos indica que también se observa que el abusador da muerte a las personas que se encuentran en lo que se denomina “la línea de fuego”, que son aquellas que intervienen para defender a la mujer. “El agresor no tiene responsabilidad para responder a sus acciones”, dice.
Intolerancia ilimitada

Las razones de un agresor van más allá de los celos, que era la causa que comúnmente se reportaba en los partes policiales. Casos recientes muestran que la ira del hombre se ha intensificado porque su esposa andaba de parranda, porque estuvo en casa de familiares más días de los que él tenía previsto o porque llegó a su hogar minutos después de lo que estimaba su pareja.

La fatídica historia de Bianna Guzmán es un ejemplo. El hecho de que ella llegara a su casa pasada de tragos de alcohol en horas de la madrugada, motivó que su esposo la estrangulara.

En Elías Piña Juan Moreta Vallejo mató a su concubina Mariluz Martínez, de 17 años, enojado porque la adolescente salió con su padre a visitar por cinco días a unos familiares en Navarrete.

La desesperación por la crisis económica también se cuenta entre las causas de feminicidios.
Nereida Polanco, de 46 años, murió de las múltiples cuchilladas que sufrió de su pareja José Antonio Peña Pérez, quien descargó de esa forma la angustia que le provocaban sus problemas económicos.

“Si yo reía era malo y si lloraba también era malo. Siempre había una excusa para pegarme y ofenderme”, recuerda Fiordaliza.

La violencia no relacionada a la pareja (feminicidio no íntimo), de igual forma, se presenta más desgarradora. Un caso fue el de Cecilia Reyes, que fue herida a machetazos por un hombre al que había rechazado una invitación a bailar en el Colmado Darío, en el sector Punta de Villa Mella.

Los feminicidios no íntimos están ligeramente por debajo de la cifra de los crímenes que cometen los hombres contra su pareja o expareja.


Víctimas jóvenes

La mayoría de las víctimas de feminicidios son mujeres que se encuentran en la mejor época reproductiva y productiva de su vida, advierte Natividad López, directora del Departamento de No Violencia del Ministerio de la Mujer. Similar tendencia prevalece en los agresores.

“Las edades oscilan entre los 14 y 30 años, lo que indica que las jóvenes empiezan a tener relaciones sexuales muy temprano. Eso es muy preocupante y alarmante”, apunta la psicóloga.

El Ministerio de la Mujer puso en marcha la campaña “Únete”, con la que pretende integrar todos los sectores de la sociedad para llevar el mensaje de no violencia, porque entienen que el tema no debe ser visto como responsabilidad del Estado únicamente.

Se diseñó un plan estratégico con miras a cinco años en el que participan la Policía, el Ministerio Público y entidades que trabajan con la mujer.

La Procuraduría de la Mujer, junto a otras instituciones y entidades, realizará una caminata que partirá del kilómetro cero del parque Mirador Sur, pasado mañana a las 4:00 p.m.

lunes, 14 de noviembre de 2011

El 587 dejó un dolor que no "aterriza"

Si hubiera insistido más, si hubiera… Kenia Ortiz nunca sabrá la respuesta. Sólo le queda imaginarse cuál sería su presente si se hubiese atrincherado en la puerta de su apartamento en el Bronx, aquel 12 de noviembre de 2001, para evitar que su esposo José Hilton Sánchez, de 39 años, abordara el vuelo 587 de la aerolínea American, que se estrelló en Queens, Nueva York.

Desde que él le contó de sus planes para venir, un intenso presentimiento la invadió: “Yo le pedía que no viajara, que esperara a diciembre para que nos fuéramos juntos. Pero él no me hizo caso. Decía que yo no quería que él viniera porque estaba celosa. A veces creo que me faltó insistir más”.

Quizás insistir no era la clave. José Hilton estaba decidido. Tenía el vuelo comprado para el día 13 de noviembre, pero lo cambió para acompañar a su hermano Elvis, que temía abordar aviones y no quería viajar el día 13, “porque era de mala suerte”, narra Kenia, quien se encuentra de visita en su natal Villa Sombrero, Baní. 

“Cuando él bajó las escaleras, corrí a pararme en la ventana y vi cómo desapareció de repente. Volví a sentir esa incomodidad en el cuerpo que me decía que algo malo iba a pasar”, recuerda. Un par de horas más tarde un familiar la llamó para decirle que el avión que abordaron José Hilton y Elvis cayó.

Eran las 9:30 a.m. El avión Airbus 300 apenas duró en el aire un minuto y escasos segundos, después de que despegó a las 9:14 a.m.

Han pasado diez años y los familiares viven la catástrofe como si hubiese ocurrido ayer. De los 176 dominicanos que fallecieron en el vuelo que cobró la vida de 265 personas, 45 procedían de Baní. Muchos banilejos residentes en el exterior prefieren visitar su pueblo en noviembre para celebrar junto a sus familiares las patronales, de ahí que tanto hijos de Baní ocuparan el 587. En aquella época se suspendieron las celebraciones y las fiestas se limitaron a oficios religiosos para unirse al luto. 

Kenia vio en la televisión, junto a su niña de 11 años y su niño de 4, cómo las llamas consumían el avión. “Mi hija y yo caímos inconscientes. Los vecinos llamaron a los bomberos para que rompieran la puerta y nos llevaran al hospital. Pasé varias semanas encerrada en mí misma, con la mirada perdida en el infinito. No me enteraba de lo que pasaba a mi alrededor. Sólo quería dormir”, dice.

El hecho ocurrió cuando todavía estaba latente la conmoción por el ataque terrorista al “World Trade Center”. Para quienes esperaban en Baní el sufrimiento no fue menos. Mercedes Ruiz, que reside en el sector Santa Elena, se enteró de la muerte de su única hija casi al instante. “Ese día me levanté temprano para preparar la llegada de Margarita. Encendí el televisor y al poco rato pasaron imágenes del avión que se cayó. 

Después de ahí no supe de mí”, cuenta Mercedes, que se intranquiliza cuando ve aviones. Su esposo, Pablo Bautista, iba camino al Aeropuerto Internacional de Las Américas (AILA) a buscar a su hija, pero fue recibido por un gentío llorando aturdido y desesperado. “Le dije a Mercedes: Llegué vacío. Mi hija se perdió. Fue muy duro”, cuenta el padre de Margarita, una mujer de 49 años. 

La tragedia también tocó la casa de su vecina Josefina Pimentel. Ella no puede evitar el llanto cuando recuerda el momento en que se enteró de la muerte de Ramona Amparo. 
La naturaleza pareció darle señales de la tragedia a Ramona Amparo que sus familiares no captaron: “Ella no quería viajar, estaba totalmente negativa. Pero sus hijos la convencieron porque debía ´dar entrada´ a su residencia”, expresa.
Impotencia, espanto, dolor. Esos sentimientos todavía acongojan a quienes vieron morir a un ser querido en ese fatídico vuelo. Francisco Peña, que perdió a su única hermana, dice que será inolvidable. Juana, de 62 años, solía viajar a Baní todos los años para hacer obras de caridad. Disfrutaba cooperar con el hogar de ancianos y el de niñas huérfanas, así como con la gente de los sectores más humildes. “Pueden pasar los años que sea, no importa. Siempre vamos a recordar a Juana y a llorar por ese día”, indica.



Kenia Ortiz
"Yo creía que era mentira, que él iba a llegar a la casa en cualquier momento. Fue terrible. Es un vacío que nunca se llena”.
Pablo Bautista
"En el aeropuerto había una confusión, un llanto, desesperación. Había que tener valor para estar ahí de pie. Queda un dolor muy grande que no se puede explicar"


En el sector BHD de Baní se erigió este monumento en honor a las personas que murieron en el vuelo.


FOTOS: Danny Polanco.


Publicado en El Caribe