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miércoles, 7 de noviembre de 2012
Escampada
Bocinazos que ensordecen, tapón que desespera.
Llueve.
Cierro los ojos. Ahí está tu sonrisa verdadera sólo para mí. Quietud en medio del caos.
Foto: Orlando Ramos.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Plegaria
Bésame como ayer, con vehemencia.
Tus brazos los quiero rodeando mi cuerpo y esas manos inquietas que se adueñen de mi espalda y mi cuello.
Bésame como ayer, con pasión inusitada.
Tus brazos los quiero rodeando mi cuerpo y esas manos inquietas que se adueñen de mi espalda y mi cuello.
Bésame como ayer, con pasión inusitada.
Que vibre mi ser completo con la energía que desprendes
cuando estamos cerca.
Bésame, bésame.
Así, como ayer, que era la primera vez que tus labios se
encontraban con los míos.
Yo temblaba, emocionada. Por instantes sentí que flotaba.
Y tú, con esos pálpitos tan prontos.
Ahhh, pensé que tu corazón colapsaría.
Te vi frágil, a la vez fuerte. Te vi tierno.
Amarnos se dio por gravedad.
Bésame como ayer, como quien explora lo desconocido, con
la curiosidad propia de un chico travieso.
Bésame y no pares, que tus besos me dan vida.
Hazme eterna.
Foto: Orlando Ramos
Hazme eterna.
viernes, 15 de junio de 2012
La cita que no fue
Las seis de la tarde. Ambos apagaron sus
ordenadores después de terminar la jornada. Él había insistido todo el día por
otra cita.
Después de tanto dudar, Ella asintió, pero al
final no cumplió su promesa.
Evitó el encuentro a pesar del deseo que
abrigaba de sentirse protegida entre sus brazos.
Adelanta los pasos hacia su morada. La incertidumbre
le acompaña hasta que por fin llega a la casa. Se sienta en una silla mirando a
la calle. Tiene la esperanza de que él aparecerá para rescatarla de su agonía.
Sus ojos bien abiertos, a la expectativa.
Piensa que en cualquier momento él irrumpirá y -sin mediar palabras- ¡zas! la ahogará
en sus besos tiernos.
Y ese corazón que acelera sus latidos...
Naaah! Puras ilusiones...La noche se hizo vieja durante su solitaria
espera.
Se retorcía de dolor, pobrecita niña.
¡Cómo lloraba! Parecía una desgraciada sin
dolientes. Se halaba los cabellos con fuerza. No quería estar, no quería
pensar. Pero lo hacía y lloraba más, de rabia, de impotencia, de amor.
Lloraba
porque, a veces, decidir lo correcto duele.
martes, 26 de julio de 2011
Me disparan con mi propia arma
Yo, la reina de las palabras. Yo, la que habla sin parar. Yo, la que jode con lo que dice o devuelve a la vida con su voz –al menos, eso pensaba hasta hoy- O sea, Yo, la periodista.
Me creía la que mejor decía, la que mejor externaba sentimientos, la que podía persuadir y encantar con sólo decir. Que conste que lo que pasa es que las palabras me fluyen solas, me salen del corazón. Son sinceras. Las tengo ahí, en el alma. Hasta que no las saco no estoy en paz.
Me creía la que mejor decía, la que mejor externaba sentimientos, la que podía persuadir y encantar con sólo decir. Que conste que lo que pasa es que las palabras me fluyen solas, me salen del corazón. Son sinceras. Las tengo ahí, en el alma. Hasta que no las saco no estoy en paz.
Era frecuente escucharme la queja de que yo siempre era la que escribía mensajes lindos y que nunca recibía nada romántico. Hasta que llegó él y mis armas ahora me apuntaban a mí, a su reina. Traicioneras.
¿Cómo fue posible? Buena pregunta, lo lamentable es que esa es otra de las interrogantes del montón que tengo sin respuestas, referentes al mismo tema: Él.
¿Cómo fue posible? Buena pregunta, lo lamentable es que esa es otra de las interrogantes del montón que tengo sin respuestas, referentes al mismo tema: Él.
Porque todo avanza como quiere, porque así es el amor: va a su modo. Uno quiere que vaya más rápido o más lento. Y esa chichigüita va como quiere, surcando cielos, subiendo y bajando. Una desde abajo, con el bollo de hilo en la mano, cree que es quien la está guiando. Y no. La bendita chichigua se manda sola con el viento de cómplice.
Pero, bueno, volviendo al tema… No sé explicar cuándo fue que se cambiaron los papeles y yo pasé de ser la disparadora a la ser disparada. Pero pasó –Y pasa, ¡huy!-.
Al principio Él no era de mucho hablar. Yo le enviaba a su teléfono móvil un montón de mensajes cariñosos, explosivos, tiernos… kilométricos mensajes. Desde su número yo recibía, una hora después, un escueto “Gracias, mi amor” o “Yo también” o "Yo más, mi vida", con suerte. Como se imaginarán, eso me ponía grave.
Después me fui acostumbrando. Entendí que el tipo era un poco desabrido, pero que eso no significaba que no me quería. En fin, no me volví loca por aquello que consideraba un desplante. Seguía enviando mis mensajes de mujer enamorá sin esperar respuesta.
“Es que nadie domina el arte de las palabras como tú, querida”, me decía a mí misma de manera oronda, jactanciosa, vanidosa.
No tenía ni idea de que sí existía alguien con un doctorado en palabras y que yo a su lado apenas era una chica de primaria. ¡Quien lo diría!
Pues, nada, les cuento que me pincharon la vejiga. Tremenda sorpresa me causó la explosión. El chico escribe y ¡de qué manera!
De repente ahora sale con unos mensajes matadores. Me tiene desarmada. ¡No sirvo para nada! –Es horrorosamente emocionante, eh! jejeje-
Ay, madre mía. Estoy hecha un caos. Estoy que solo sé abrir los ojazos y apretar los labios cada vez que chequeo ese “Mensaje Nuevo” en mi buzón del móvil, que me dice que el remitente es "Mi More". No encuentro sitio, me muevo de aquí para allá. Leo, releo y requeteleo el mismo mensaje cuchucientas mil veces. Y vienen los suspiros… Aaaaahhh…. Y vuelvo a leer ese mensaje: “Te quiero cada día más”… Otra tanda de suspiros que me asedia…. Aaaahhh… Otro mensaje que releo: “Donde quiera que estoy, deseo tu presencia conmigo. Te extraño”. Bueno, ya ustedes saben lo que viene después. Sí, otro suspiro. Exacto. Ah! Todo el proceso va acompañado de una sonrisota que no puedo evitar. Se me queda pegada como una postalita aunque no tenga el teléfono móvil enfrente.
Todo va bien hasta que reacciono que debo responder. Oh-oh. ¡Diantres! La mente se me pone en blanco, quisiera decirle un paquete de cosas pero no me salen las palabras! Caramba, ya lo entiendo a él. Ahora ese “Gracias, mi amor” y “Yo también” tienen sentido. He quedado muda. ¿Puede usted creerlo? Es insólito. Es maravilloso. Es el amor, Yuupiii :)
viernes, 15 de julio de 2011
Musa, ¿Dónde estás?
Es difícil de creer, pero sí, es cierto. Sí, paseo en este espacio casi a diario.
Lo sé, no lo parece. La más reciente actualización fue hace más de un mes.
Un click aquí y otro click allí repito casi todos los días, lo juro. Leo publicaciones anteriores que el tiempo ha dado sabor añejo para ver si regresan las ganas de escribir bonito. Desafortunadamente nada ocurre. Permanece inmóvil esa haraganería que conspira contra mi creatividad.
Lo sé, no lo parece. La más reciente actualización fue hace más de un mes.
Un click aquí y otro click allí repito casi todos los días, lo juro. Leo publicaciones anteriores que el tiempo ha dado sabor añejo para ver si regresan las ganas de escribir bonito. Desafortunadamente nada ocurre. Permanece inmóvil esa haraganería que conspira contra mi creatividad.
Vuelvo a la página de inicio marcada con fecha pasada. Me apena que la brisa no sople, que ya no refresque a sus invitados.
Este blog está tan triste como yo porque no entiende este abandono.
Se me ocurren muchos temas, pero mi alma no ordena a mis dedos que tecleen.
Tremenda catástrofe.
Musa, ¿A dónde te has ido sin mi consentimiento?
Detesto este desánimo y apatía.
Me digo: Calma, mujer, que cuando estás mal, estás mal. Y punto.
En el fondo sé que son excusas baratas de gente mediocre, por eso ¡NO ME SOPORTO!
Es la rutina. Sí, es la rutina que me tiene boba. Eso es, la rutina. Sí. Ese ir y venir por el mismo camino. Ese círculo que empieza a delinearse en la casa y sigue ampliándose hasta llegar al punto de la oficina y se cierra de regreso a la casa.
En eso estoy estos últimos días: casa-oficina-casa. Al día siguiente: casa-oficina-casa. Al día siguiente: casa-oficina-casa. Al día siguiente: casa-oficina-casa. Al día siguiente: casa-oficina-casa...
La locura que me invade.
En eso estoy estos últimos días: casa-oficina-casa. Al día siguiente: casa-oficina-casa. Al día siguiente: casa-oficina-casa. Al día siguiente: casa-oficina-casa. Al día siguiente: casa-oficina-casa...
La locura que me invade.
Creo que nos ocurre a todos de vez en cuando.
Es horrible.
Es horrible.
Es la señal de que necesito un cambio urgente, de que debo salir de la zona de confort en la que estoy estacionada y retomar el camino de la aventura.
Uufff! Espero que este letargo esté llegando a su final porque extraño mucho zumbar como el viento.
domingo, 22 de mayo de 2011
Una confusión que me costó muy cara
“Estoy Confundido”, me dijo en un mensaje de texto.
Qué desgracia ésta, pensé. Me quedé con una cara de: ¿Y entonces? ¿Qué se supone que hago yo ahora?
Ni idea.
Ni idea.
En unos segundos, me cambió la vida.
Mil sensaciones: frío, calor, cosquillas, temblores, latidos, mareos, tristeza, inercia… Uff!
Mil sensaciones: frío, calor, cosquillas, temblores, latidos, mareos, tristeza, inercia… Uff!
Está confundido. me repetía yo una y otra vez.
Mil preguntas: ¿Pero, qué pasó? ¿Y yo qué hice? ¿Será que leyó a Fugaz y a Recuerdos? Si es así que lo diga, todo tiene una explicación. ¿A dónde fue a parar tanto amor? ¿Qué le dio a este hombre? ¿Confundido? ¿Qué significa eso? Y me repetía la pregunta favorita del momento: ¿Qué se supone que hago yo ahora?
Mil preguntas: ¿Pero, qué pasó? ¿Y yo qué hice? ¿Será que leyó a Fugaz y a Recuerdos? Si es así que lo diga, todo tiene una explicación. ¿A dónde fue a parar tanto amor? ¿Qué le dio a este hombre? ¿Confundido? ¿Qué significa eso? Y me repetía la pregunta favorita del momento: ¿Qué se supone que hago yo ahora?
Reacciono.
Le respondí con otro mensaje: Pero por qué…
Le respondí con otro mensaje: Pero por qué…
No dijo nada.
Camino, camino, camino… a veces rápido, a veces despacio. La casa se va quedando atrás.
Camino, camino, camino… Hace tanto calor a las cinco de la tarde. El sudor corre en mi espalda. Me gustan los domingos porque las calles están despejadas.
Camino, camino, camino… “Creo que ya lo dañé”, me digo. Las lágrimas empezaron a correr. ¿Cómo fue que lo eché a perder? No tengo respuestas. ¿Fui yo que lo eché a perder? ¡Mierda! Qué poco dura la felicidad en casa de pobre.
Camino, camino, camino… Avanzo. Una farmacia, una heladería, un supermercado, una gran tienda por departamentos, un restaurante de comida rápida. Voy por la acera que tiene sombra. Sopla una brisita. Es una tarde bonita. Pudo haber sido perfecta, sino fuera por ese... mensaje.
Camino, camino, camino... a veces rápido, a veces despacio.¡Qué rabia tengo! Y este teléfono que no vuelve a sonar... grrrr#$%&/
¿A dónde voy? Mejor entro a la gran plaza. Aqui está fresquito. Recorro los pasillos.
¿A dónde voy? Mejor entro a la gran plaza. Aqui está fresquito. Recorro los pasillos.
Camino, camino, camino… Las lágrimas se calman: 50% de descuento por cambio de temporada. Oportuna coincidencia. Saco mi pañuelo y me sueno la nariz. Hermosas zapatillas de plataforma de RD$1,120 a RD$650 Son mi número, qué atinado 37. ¡Me las llevo!
Zapatos cerrados con taco alto de RD$1500 a RD$750. Son mías, indudable.
Benditas tarjetas de crédito.
Siento que mi presión arterial se estabiliza.
Camino, camino, camino… Creo que me llevaré un par de camisas, las “necesito” para trabajar: RD$525 cada una. ¡Qué bonita blusa! No es mi size pero a manita sí le puede servir: RD$450…
Felicidad.
Suena el teléfono.
Qué bien, otro mensaje: “Ya se me pasará”.
Qué bien, otro mensaje: “Ya se me pasará”.
Hey! Espera, nenito, que ahora quien está confundida... ¡soy yo!
miércoles, 18 de mayo de 2011
Recuerdos
Sobra decir que te extraño,
recalcar que aunque es verano
me quedé en el invierno que te conocí.
Porque nunca el frío había sido tan cálido
como el vivido en tus brazos.
martes, 19 de abril de 2011
Convicción
Eres como eres. Acéptate. Ámate.
Cuida tu salud.
Escucha. Exprésate.
No pretendas ser como el vecino. Cada uno es diferente. Atrévete a disfrutar tu distinción. Tienes tus propias virtudes y defectos que te hacen especial.
Cambia porque así lo quisieras. Que no te rijan las leyes del hombre, son imperfectas.
Que nadie te imponga cómo debes ser. No vivas complaciendo a los demás. Quien desea moldearte a su manera no merece tu atención.
Tu vida es tuya, vívela como te sientas mejor, pero siempre con respeto.
domingo, 6 de febrero de 2011
sábado, 5 de febrero de 2011
Fuerza de voluntad
Podría quedarme aquí toda la tarde. Podría pasarme también toda la noche, hasta mañana, sin comer ni beber, abrazando mi tristeza. Siento que estas sábanas tibias me aprisionan. Eran divertidas cuando tu cuerpo se cobijaba debajo de ellas junto al mío. Pero ya no estás, de hecho, hace mucho tiempo que tu ausencia reina en esta habitación color salmón. ¿Por qué me sorprende? ¿Por qué recordarte ahora? No lo sé. Quizás sea que rememoro tu calor en estas sábanas tibias. A veces creo que te olvido y días como hoy recuerdo que sigues escondido en mi corazón.
Quiero tomar como excusa que el malestar de la gripe no deja que me ponga en pie. La verdad me duele todo el cuerpo.
No hay excusa que valga. La brillante luz meridiana invade la casa. Las sábanas son aburridas y, aunque no sé como aliviar el corazón, sé qué pastilla tomar para calmar el cuerpo.
Me levanto seducida por el sol. En la cocina se escucha el trinar de los pajaritos. Un pequeño sorbo de té es suficiente para que el acetaminofén se diluya en mí.
Pienso: “Hay mucho que hacer”, mientras como una sonámbula avanzo hasta el baño. El agua fría en mi cara termina de despertarme. ¡Manos a la obra! Voy a empezar por comprar una pintura azul.
Pienso: “Hay mucho que hacer”, mientras como una sonámbula avanzo hasta el baño. El agua fría en mi cara termina de despertarme. ¡Manos a la obra! Voy a empezar por comprar una pintura azul.
sábado, 8 de enero de 2011
¡Próspero año nuevo!
Hasta ahora, ocho días después de las doce campanadas, es que he podido sentarme a escribirles mis mejores deseos para este nuevo año: Que la ilusión y las ganas de vivir y progresar sean intensas en este tiempo. Paz, alegría, salud, amor, prosperidad.
A juzgar por como me entró este año -con mucho trabajo- pues pinta que será muy activo para mí. Empiezo agradeciendo a Dios por eso y por todas las bendiciones que derramó sobre mí el año pasado.
Miro al 2011 con mucho optimismo!! Es otra oportunidad para avanzar. Un ciclo que se abre con nuevas esperanzas. Estoy lista para disfrutarlo :)
A juzgar por como me entró este año -con mucho trabajo- pues pinta que será muy activo para mí. Empiezo agradeciendo a Dios por eso y por todas las bendiciones que derramó sobre mí el año pasado.
Miro al 2011 con mucho optimismo!! Es otra oportunidad para avanzar. Un ciclo que se abre con nuevas esperanzas. Estoy lista para disfrutarlo :)
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Fragilidad
La vida es un conjunto de estaciones. Etapas que se superan, que terminan cuando menos esperas.
Todo tiene su tiempo. Todo se acaba.
Aquí estamos de paso. Nada nos pertenece, ni siquiera la vida.
viernes, 17 de diciembre de 2010
El valor de una joya preciosa
A Mayra la llamé para felicitarla por su cumpleaños. Teníamos como ocho meses desconectadas de nuestras actualidades. En el colegio éramos las mejores amigas. A medida que fuimos creciendo e involucrándonos en actividades distintas nos fuimos separando. Pero siempre estábamos presentes en fechas especiales, como los cumpleaños, o nos llamábamos de vez en cuando para saludarnos.
Mayra se puso eufórica con mi llamada. Yo también estaba feliz de hablarle. “Vamos a juntarnos que tengo cosas que contarte”, me dijo.
La semana siguiente nos vimos en un pequeño café. Entre capuchino –ella- y jugo de cereza –yo- empezamos la charla.
Después de aplaudirnos por los logros alcanzados en el ambiente laboral llegó el tema de los amores. Mayra me contó su decepción más reciente. Cuando nos juntábamos nos reíamos de los amores rotos pero en esta ocasión, en vez de brindis hubo lágrimas.
Qué rabia me dan esas historias de hombres mentirosos. Por un momento no supe qué decir. De mi boca lo primero que salió fue una serie de insultos dedicados al susodicho que osó chasquearle el corazón a mi amiga. “¡Ese idiota! ¿Qué se cree ese estúpido? Quisiera llamarle animal pero sería insultar a ese noble raza”, expresé totalmente indignada.
Después de los últimos sorbos a mi jugo de cereza la mente como que se me iluminó. Mayra me escuchó un discurso que la reconfortó.
Le dije: “Mayra, eres una hermosa india banileja, trabajadora, independiente, preparada, cariñosa, simpática... eres una joya preciosa. Y como tal mereces estar con quien te valore. No todo el que quiere tiene un diamante sino quien puede. Y cuando quien puede se decide a hacer una inversión para adquirirlo es porque conoce su alto valor.
Quien tiene una joya la cuida, la mima, la guarda en un lugar seguro y especial. Está orgulloso de su prenda y no duda en mostrar a los demás su satisfacción de tenerla. Se preocupa de conservar sus excelentes condiciones.
Eres una joya y si ese tipo no tiene la capacidad de apreciarte por lo que eres entonces no vale la pena que andes desperdiciando lágrimas por él. Hermana, él se lo perdió. ¡Ese bruto!”.
Me ha pasado como Mayra, que creo que el mundo se me acaba cuando se rompe una relación. No se puede forzar al otro a que te ame. Que amemos con toda nuestra fuerza no es garantía de que la otra persona sienta lo mismo. Si alguien no nos quiere, pues creo hay que alejarse, si nos quedamos nos hacemos daño. Es una decisión dura, muy difícil pero lo más saludable.
Cuando alguien quiere bien, se preocupa por el bienestar del otro y lo último que quisiera es dañar.
Al final logré sacarle unas carcajadas a Mayra. De capuchino y jugo de cereza pasamos a chocar unas copas de vino. Fuimos felices. ¡Que vivan las mujeres!
domingo, 5 de diciembre de 2010
El nombre que perdí
Traté de recodar cómo era que le llamaba al aparato que me calentaba en esas noches frías. Me aterra rememorar aquellos inviernos crudos. Sufría mucho ese frío implacable. Las temperaturas tan bajas provocaban que me picara el cuerpo por la resequedad, sobre todo los muslos y la cara.
¿Plancha? ¿Estufa? ¿Placa? ¿Panel? Ufff no recuerdo. Me preocupa, me entristece que haya olvidado el nombre de ese aparato que traía consuelo a mi cuerpo cuasi en hipotermia.
¿Y no es que dicen que lo que se ama permanece para siempre? Pues aquí esa teoría no funcionó. Y mire que yo sí amaba ese aparato. Pensándolo mejor, no es que lo haya olvidado, es que no lo recuerdo del todo. Quizás si lo tengo enfrente se esfuman todas las dudas y todo vuelve a ser como antes.
La distancia quiebra, la cercanía une.
Sus líneas se dibujan muy claras en mi memoria. Tenía tres tubos que se encendían como lámparas con una luz amarilla súper brillante. Una especie de malla metálica cubría la parte frontal. Era pequeña, de color blanco. La ponía en el suelo para encenderla al lado de mi cama, a los pocos minutos mi habitación estaba cálida.
¿Y no es que dicen que lo que se ama permanece para siempre? Pues aquí esa teoría no funcionó. Y mire que yo sí amaba ese aparato. Pensándolo mejor, no es que lo haya olvidado, es que no lo recuerdo del todo. Quizás si lo tengo enfrente se esfuman todas las dudas y todo vuelve a ser como antes.
La distancia quiebra, la cercanía une.
Sus líneas se dibujan muy claras en mi memoria. Tenía tres tubos que se encendían como lámparas con una luz amarilla súper brillante. Una especie de malla metálica cubría la parte frontal. Era pequeña, de color blanco. La ponía en el suelo para encenderla al lado de mi cama, a los pocos minutos mi habitación estaba cálida.
Antes de su llegada, yo dormía con dos medias de lana hasta las rodillas, pijama de pantalón largo y dos abrigos de algodón. Y encima una frazada. Y encima el frío. De verdad, el frío no se iba.
Un par de noches llegué a llorar por la desesperación y la impotencia de no soportar el frío en esa casa sin calefacción, cuando afuera hacía menos cero grados.
Ella y yo –a ver, ahora la trato como femenina porque la nombro como “lámpara”- nos conocimos en el escaparate de una pequeña tienda que estaba camino a mi piso. Nueve euros pagué por tenerla. No podía creer que mi problema de frío tenía una solución tan económica. La compré de una vez. A la semana de usarla se dañó. Fui a la tienda y me la cambiaron.
La apreciaba tanto que cuando me mudé de país, a donde ese tipo de frío es desconocido, decidí que debía dejarla con una amiga querida, para sentirla cuidada y protegida, como ella hizo conmigo.
En el nuevo espacio que habito las "lámparas calientes" están de más, lo que procuro son ventiladores que refresquen mis días. Por eso ya no tenía necesidad de hablar de calentadores, "lámparas" u otros objetos parecidos.
Su figura regresó a mi presente porque leí en las noticias de la ola de frío que afecta a España.
Me angustia que no recuerde el nombre de aquella ¿Plancha? ¿Estufa? ¿Placa? ¿Panel? Porque así como a ella también podría borrar otras cosas o momentos o –pero aún- personas, y conservarlas solo como una imagen brillante en mi pensamiento que me trae alegría, pero de la que no atino posicionar en un contexto o no logre algo tan simple como pronunciar su nombre. Tengo miedo.
jueves, 25 de noviembre de 2010
Noche clara
La luna ilumina todo. Redonda y entera se impone en esa inmensidad negruzca que acoge incontables pequeñas luces. ¡Quien diría que esa luz no es de la luna! Su esplendor opaca a las estrellas.
Desde mi ventana puedo ver las gotas de lluvia que recién mojaron el jardín. Pequeños charcos diáfanos brillan en el asfalto. El concierto de un grillo rompe por momentos el silencio de esta noche que ya no es oscura, sino tenue, un poco reservada, gracias a la luna.
Hace frío. Se parece tanto a la noche aquella que caminamos juntos el parque de las esculturas grandes. Yo, con un vestido negro estampado a la rodilla. Llevaba los hombros descubiertos. Y tú, elegante de chaqueta.
Hace frío. Se parece tanto a la noche aquella que caminamos juntos el parque de las esculturas grandes. Yo, con un vestido negro estampado a la rodilla. Llevaba los hombros descubiertos. Y tú, elegante de chaqueta.
Tu mano en la mía no fue suficiente para calmar mis tiritos. ¿Te acuerdas? Mis dientes chocaban entre ellos con insistencia. Entonces, tú, conmigo. Siempre tan solícito. Tus brazos terminaron por cubrirme toda. Parecíamos un solo cuerpo. También había grillos cantando. Los escuchamos hasta que terminamos el camino.
Yo no quería dejar el parque. Me impresionaba como se iluminaba todo, como ahora.
Qué bonito la luna alumbra esta noche fría. Qué luna lejana. Brillante, romántica, secreta.
Otra vez tirito, pero ahora una frazada me sirve de chimenea. ¿Dónde estás tú?
Esa luna tan mía y tan ajena. Tan cerca y tan lejana.
La miro. Se me escapa un suspiro. Te pienso.
La miro. Se me escapa un suspiro. Te pienso.
sábado, 20 de noviembre de 2010
Aquellos días en los que manda el amor
Érase una vez dos mejores amigas que se enamoraron de dos mejores amigos. Corría el verano de un año que no quiero especificar cuando María y yo andábamos juntitas, cual pluma ligera que el viento eleva. Este par de chicas estaban felices con ese "dos para dos".
No nos cambiábamos por nadie. Jajajá ¡qué risa! Cada vez que me acuerdo… Lo que hoy ambas calificamos como una locura, en ese momento de éxtasis era para nosotros tan fácil y normal.
Hay que ver la “porquería” que se vuelve una cuando está enamorada. Para María y para mí no había distancias largas que nos impidieran llegar a donde nuestros “romeos”. El trayecto que antes nos pesaba si no era en autobús, el estado de enamoramiento que nos secuestró lo convirtió en un agradable paseo que disfrutábamos caminando.
¡Ay Dios mío! Y lo rápido que llegábamos a ese destino. Recorríamos esos kilómetros raudas y felices.
Cantábamos todo el día. Una musiquita nos alegraba el alma. No había cosa más apreciada que el teléfono móvil: todo el santo día lo llevábamos encima a la expectativa de recibir ese mensaje de amor. Vivíamos pensando en regalitos para sorprender a nuestros amados. Eran simples detallitos como CDs de canciones románticas seleccionadas y grabadas por nosotras mismas, dulces o un delicado papelito en el que escribíamos mensajes tiernos. A mí me encantaba dibujarle un par de corazones en una esquina.
Cuando el amor te acompaña chateas, chateas, chateas… por horas, horas y horas… ¡y no te cansas! ¡no te pesa! Increíble.
Lo irreal adquiere lógica. Se pone una como más bonita, le suda la belleza, irradiamos una energía que el otro no puede obviar.
Todo marcha. Los días se vuelven de colores encuentras soluciones y las letras fluyen para actualizar tu blog.
Ay sí, esta última parte me consta. Miro mi lista de actualizaciones y confirmo que los meses en que el amor me ha rondado hay más publicaciones. Tienes más ganas de todo.
Pero por más que parezca inofensiva, nunca le falta la espina a la rosa. Esas dos mejores amigas también sufrieron enamorarse de esos dos mejores amigos. Y que mal la pasamos cuando la burbuja explotó. Nos volvimos una “porquería mayor”. La tristeza desplazó los colores de nuestros días para teñirlos de gris. El final de la relación nos estacionó en el dolor. Todas las canciones de desamor nos pegaban –¡ojo! prohibido escuchar la radio esos primeros días-. Un amargue total. Se nos fue la inspiración. Zarparon las ganas de escribir en el blog.
Recuerdo que para esos días nublados, por semanas no hubo algo interesante en mi pizarra. Nada. Solo expresiones tristes y opiniones generales de temas poco relevantes.
Se rompió la relación y con ella mi inspiración, mi arte de escribir bonito.
Pasaron semanas, hasta que mis dedos volvieron a dibujar letras porque pensé en aquellos días en los que el amor mandaba.
Te cuento, vuelves a escribir porque ya no duele tanto recordar. Ya había aprendido a pensar en ese amor sin llorar. Y en vez de maldecir porque terminó, me sentía con valor para agradecer porque sucedió. Cada experiencia es única, te marca de manera distinta. Unas son más profundas que otras.
El tiempo pasa y te revive. Te miras y te adviertes que más vale que te recuperes. Es un ciclo. Es la vida: caer, levantarse, volver a intentar, lograr equilibrio… te caes, te levantas, vuelves a intentar…
Vuelves a intentar, sin olvidar.
miércoles, 13 de octubre de 2010
El regreso a la vida
Mario pregunta por sus dos hijos, por la perra y menciona a Alexandra. Habla de planes para ir al campo. Mario Sepúlveda ha vuelto a la vida. Una amplia sonrisa brillaba en su rostro cuando salió de la cápsula. La emoción de quienes lo recibimos era desbordante.
El segundo minero que fue rescatado transmitía una energía de “Sí, se puede. Es posible. Lo logramos”.
El primero de ellos en salir, Florencio Ávalos, lo hizo calmado, en paz. Se confundió entre abrazos y besos con sus familiares. Su hijo lloraba a gritos y los telespectadores con él, conmovidos, hinchados de ternura.
La imagen de todo ese proceso de sube y baja, da vueltas en mi pensamiento todavía. Creo que no olvidaré la famosa cápsula, la conversación pausada y confiada de los dirigentes de la misión. “Cierren bien la puerta”, se escucha repetir con insistencia cada vez que se arranca a la búsqueda de otro minero. Las horas de anoche marcaron una historia no solo para Chile, sino para el mundo.
Chile no deja de sorprenderme. Cuánta unidad, cuánta fortaleza, cuánto orden... ¡es maravilloso!
Ahora la televisión sigue mostrando las imágenes de los mineros que faltan por rescatar de la profundidad de casi 700 metros en la que se encuentran desde hace 69 días, tras el derrumbe que cerró la única salida del túnel donde trabajaban.
Hasta el momento de publicar este post el minero Pablo Rojas es el número 19 en regresar a la vida.
De todo este evento que empezó el cinco de agosto, se desprenden tantas lecciones. Entre ellas: lecciones fe, de esperanza, de trabajo en equipo.
Roberto Ríos, el rescatista que trajo a Mario, llegó con la satisfacción del deber cumplido.
Rodolfo me contaba que probablemente alguno de los rescatistas sintió temor cuando le tocó el turno de sumergirse en las entrañas de la Tierra. Pero más grande es que tuvo el valor de vencer su temor para hacer lo que siente, que debe y quiere hacer.
“Respirar y avanzar, a pesar del miedo”, es otra lección.
El segundo minero que fue rescatado transmitía una energía de “Sí, se puede. Es posible. Lo logramos”.
El primero de ellos en salir, Florencio Ávalos, lo hizo calmado, en paz. Se confundió entre abrazos y besos con sus familiares. Su hijo lloraba a gritos y los telespectadores con él, conmovidos, hinchados de ternura.
Ávalos, al salir de la cápsula.
Chile no deja de sorprenderme. Cuánta unidad, cuánta fortaleza, cuánto orden... ¡es maravilloso!
Ahora la televisión sigue mostrando las imágenes de los mineros que faltan por rescatar de la profundidad de casi 700 metros en la que se encuentran desde hace 69 días, tras el derrumbe que cerró la única salida del túnel donde trabajaban.
Hasta el momento de publicar este post el minero Pablo Rojas es el número 19 en regresar a la vida.
De todo este evento que empezó el cinco de agosto, se desprenden tantas lecciones. Entre ellas: lecciones fe, de esperanza, de trabajo en equipo.
Roberto Ríos, el rescatista que trajo a Mario, llegó con la satisfacción del deber cumplido.
Rodolfo me contaba que probablemente alguno de los rescatistas sintió temor cuando le tocó el turno de sumergirse en las entrañas de la Tierra. Pero más grande es que tuvo el valor de vencer su temor para hacer lo que siente, que debe y quiere hacer.
“Respirar y avanzar, a pesar del miedo”, es otra lección.
martes, 28 de septiembre de 2010
Adiós vacaciones :(
Tan efímeras, tan poquitas...
Se acabaron mis vacaciones, qué pesar!
Al trabajo con nuevos bríos empezar ;)
Se acabaron mis vacaciones, qué pesar!
Al trabajo con nuevos bríos empezar ;)
martes, 21 de septiembre de 2010
Cartas
Su nombre resaltaba entre los demás correos por leer. La carta empezaba como otras de las que celosa guardaba en su secreto baúl: “Hola, estuve pensándote todo el fin de semana”. Después de leer esa primera frase se detuvo. Hasta ahí nada delataba motivos para preocuparse pero su intuición decía lo contrario. Un escalofrío la estremeció de pies a cabeza. Respiró profundo. Más atenta continuó la lectura y comprobó que, efectivamente, sólo el encabezado era cotidiano. Las líneas siguientes combinaban palabras que jamás imagino leer de ese remitente: “Debo dejarte ir”. La lluvia competía con sus lágrimas. Y la oscuridad de la noche se parecía mucho a la que arropaba su corazón. Cuando afuera escampó, el silencio le trajo calma. Destellos de lucidez interrumpieron su llanto. Alcanzó el secreto baúl. El listón lila también enlazó la última epístola que sumaría a su colección, la que, a su pesar, no terminó como la de Matilde y Neruda.
viernes, 17 de septiembre de 2010
¡Llegaron mis vacaciones!
Por el título de esta entrada, ya se imaginarán que no me cambio por nadie.
Estoy de vacaciones. ¡Estoy feliz!
Espero poder aprovechar al máximo este periodo tan anhelado y tan corto (sólo una semanita :( pero dicen por ahí que más vale calidad que cantidad) para descansar mucho.
Tengo un montón de cosas por publicar. Estoy contenta porque ahora podré alimentar con más calma a este torbellino de blog.
Hace un buen tiempo que no saboreaba este manjar de estar libre para hacer lo que quiera, sin prisas. Había olvidado lo que es estar vaga y en mi primera mañana de vacaciones no sabía qué hacer jajaja. Lo primero es que no pude evitar levantarme súper temprano porque mi reloj corporal creía que era hora de prepararse para ir al periódico. No sabía si volverme a dormir o levantarme.
Es maravilloso -y necesario, por favor a tu salud- disfrutar de tiempo para ti. A veces uno mismo no valora eso y se deja atrapar por los problemas cotidianos, la rutina y los afanes del trabajo y siempre encuentra una excusa para posponer el descanso.
¡Benditas vacaciones!
Estoy de vacaciones. ¡Estoy feliz!
Espero poder aprovechar al máximo este periodo tan anhelado y tan corto (sólo una semanita :( pero dicen por ahí que más vale calidad que cantidad) para descansar mucho.
Tengo un montón de cosas por publicar. Estoy contenta porque ahora podré alimentar con más calma a este torbellino de blog.
Hace un buen tiempo que no saboreaba este manjar de estar libre para hacer lo que quiera, sin prisas. Había olvidado lo que es estar vaga y en mi primera mañana de vacaciones no sabía qué hacer jajaja. Lo primero es que no pude evitar levantarme súper temprano porque mi reloj corporal creía que era hora de prepararse para ir al periódico. No sabía si volverme a dormir o levantarme.
Es maravilloso -y necesario, por favor a tu salud- disfrutar de tiempo para ti. A veces uno mismo no valora eso y se deja atrapar por los problemas cotidianos, la rutina y los afanes del trabajo y siempre encuentra una excusa para posponer el descanso.
¡Benditas vacaciones!
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