viernes, 4 de julio de 2014

Un feliz recorrido "Camino al sol"


Mis queridos amigos Reynaldo y Cinthia me invitaron a su programa Camino al Sol, que se transmite de lunes a viernes de 7 a 9 am a través de Radio Listín 97.7 FM.
Ese programa me encanta porque transmite buena vibra y una importante dosis de cultura, siempre con informaciones útiles, aprendes y disfrutas de buena música. Excelente para empezar el día positivos, con mucho ánimo! Y la compañía tan grata de Rey, Cinthia y Zobeida hacen que te sientas especial.
Les conté de mi experiencia en el periodismo y de mi trabajo como coordinadora editorial de Forbes. 
Una entrevista que me encantó y que quiero compartir con ustedes.

También les dejo abrazos :)



lunes, 2 de junio de 2014

Madres enfrentan violencia y escollos judiciales para exigir manutención


Al menos 72 reclamos por pensión alimentaria se interponen a diario en los juzgados de paz del país. Cuando una mujer lleva a la justicia al padre de sus hijos para que cumpla con su cuota de manutención, despierta en muchos casos la ira y la violencia del hombre irresponsable, como le sucedió a Yumilka Torres Suero, asesinada por el padre de su hijo.

 Yumilka Torres y Rafael Valenzuela el día que fueron a conciliar en el Juzgado de Paz de Las Caobas. Foto: Roberto Guzmán.

A Yumilka Torres Suero, de 22 años de edad, la mató Rafael Valenzuela, padre de su hijo de un año y ocho meses, después de que ella lo obligara a acudir por segunda vez a un juzgado de paz en su afán por lograr un acuerdo sobre la cuota económica que cada uno debía aportar para suplir las necesidades alimenticias del pequeño.
El jueves 9 de mayo, Yumilka y Rafael visitaron el Juzgado de Paz de Las Caobas, Santo Domingo Oeste, para conciliar. Pero resultó imposible llegar a un acuerdo, pues el hombre consideraba elevada la suma de RD$3,500 al mes que exigía la madre de su hijo, tras alegar que él sólo devengaba un salario de RD$7,000 como vigilante privado. La joven aseguraba que su expareja mentía en cuanto a su salario.
La Ley 136-03, que crea el Código del Menor, establece que la justicia puede gravar con el 50% el salario de una persona a favor de la cantidad de menores que tenga. El padre y la madre tienen el mismo derecho de exigir pensión alimentaria, pero son las mujeres las que más demandan debido a que la guarda de los hijos recae en ellas en la mayoría de los casos.
“A él no le importa si yo estoy trabajando o no estoy trabajando”, respondía la joven a los reclamos de Valenzuela de que ella tenía un mejor salario que él. “Yo estoy en una zona franca, que paga dependiendo de la mercancía es que te pongan a trabajar, y te paran antes de los dos meses. Yo estoy en la universidad. Tengo que pagar mis estudios. Quienes están comprándole los ‘pampers’ y la leche al niño son mi mamá y mi papá que me están ayudando”, explicaba a los reporteros de La Lupa Sin Trabas.
Al igual que Yumilka, cada día unas 72 madres acuden a los juzgados de paz del país para reclamar una pensión alimentaria. Muchas desisten de demandar a sus ex parejas por lo largo y costoso que resulta el proceso y otras ni siquiera se animan a exigir los derechos de sus hijos para evitar la violencia que esas solicitudes desencadenan en algunos padres.
La Suprema Corte de Justicia registra en 2012 un total de 22,292 demandas de manutención, mientras los jueces fallaron 20,507 recibidos en diferentes años. La mayoría de los casos se presentaron en las provincias Santiago (3,093 demandas y 2,718 fallos) y Santo Domingo (5,662 demandas y 4,637 fallos). En tanto que en el Distrito Nacional se presentaron 1,536 demandas y se fallaron 1,588.
Yumilka recibió el 19 de enero de este año, hace cuatro meses, los últimos RD$1,000 del padre del niño. Sus afanes por encontrar una salida la llevaron el lunes 13, cuatro días después de conversar con reporteros de La Lupa Sin Trabas, a otro juzgado de paz –en Los Ríos, Distrito Nacional– para intentar una nueva conciliación. Ella se empeñó en confiar en el sistema judicial para demandar la aplicación de la Ley 136-03, a pesar de las dificultades del proceso y los atropellos que sufría por parte del padre del menor y de la misma Justicia.
Tampoco hubo acuerdo esta vez. Valenzuela decidió terminar con las reuniones de conciliación eliminando a la demandante: asesinó a la madre de su hijo en su propia residencia del sector Pueblo Nuevo, en Los Alcarrizos.
El victimario argumentaba ante la abogada mediadora que los padres de Yumilka lo habían mandado a asesinar. “Aquí nadie me escucha a mí”, se quejaba.
Yumilka le interrumpía para denunciar que él la había golpeado en distintas ocasiones, incluso cuando estaba embarazada del niño: “Me rompió todos los trastes y yo le puse una querella en la Fiscalía de Los Alcarrizos. Si no es por mí, lo mandan directo para la cárcel de La Victoria. Pero yo, como él es el papá de mi hijo, lo que hice fue que llegué a un acuerdo con él”.

El ambiente del juzgado

La Justicia parece estar sorda. El día que Yumilka visitó por primera vez el juzgado de paz de Las Caobas, la señora Santa Virgen Matos Pérez lo hacía por quinta vez en los últimos 18 meses, tratando de que la justicia ordenara al padre de su hijo de ocho años de edad que asumiera su responsabilidad de manutención.
“Nos separamos porque él me daba muchos golpes. Cuando yo estaba embarazada, me quería sacar el niño a golpes, por eso me fui de la casa. Él dice que aunque yo lo meta preso veinte veces, no nos va a dar ni un peso”, afirma la señora, residente en El Abanico, Herrera.
Santa Virgen mueve con dificultad los dedos de su mano derecha, como consecuencia de un golpe que su expareja le propinó un día que discutían sobre la manutención del niño. Por esa situación no puede trabajar. “Ese hombre nos tiene odio, a mí y al niño. Yo a veces creo que es que él no nos quiere y que nos va a matar a los dos. Ha dicho que se va a matar él para salir de nosotros”, expresa la señora, que sobrevive gracias a la ayuda económica que recibe de su hermano y su padre.
“A veces me pongo a vender té y café de madrugada. Me tengo que llevar al niño. Yo tengo que andar con ese niño para todos los sitios, arriesgando su vida”.
Junto a Santa Virgen, una veintena de mujeres espera su turno para querellarse, en una sala que resulta estrecha. Dos hombres permanecen de pie en una esquina, sin hablar entre ellos, observando el ambiente. Uno acudió para informarse sobre cómo puede obtener la tutela de su hija; el otro, sobre qué tiene que hacer para que le reduzcan la cuota de manutención.
En un tribunal que conoce hasta cuarenta casos en un día, a veces ninguno se refiere a padres que demandan a las madres por pensión alimentaria para sus hijos. El murmullo es constante entre las mujeres acomodadas en unos destartalados asientos de la sala, que cuentan desinhibidas las penas que les agobian por la irresponsabilidad paternal.
“Ese señor hace un año que no le da nada a mi hija”, se le escucha decir a una de ellas, al referirse al padre de su pequeña. “Parece que él cree que la niña no come ni se viste”.
Santa Virgen la secunda. Dice que ella pasa por la misma situación. A finales de 2011 acudió por primera vez al juzgado a denunciar que el padre de su pequeño, según ella, propietario de negocios prósperos, hacía tiempo que no se ocupaba de los gastos del niño.
Ese día cuenta Santa Virgen, le dieron una carta que debió entregar al señor, mediante la cual se le citaba para una reunión de conciliación dentro de dos meses. “En ese encuentro no llegamos a ningún acuerdo, por lo que mi caso lo refirieron al tribunal”, explica.
Pero la Justicia parece no tener la misma urgencia que la madre, y en la tercera ocasión, la jueza le fijó una cita para una audiencia tres meses más tarde.
Cumplido el tiempo, Santa Virgen acudió por cuarta vez al tribunal, que dictó una sentencia que fijaba en RD$2,500 la pensión que el demandado debe pagar a la madre como pensión alimentaria. “Él nunca ha cumplido con esa sentencia”, se queja ahora, en su quinta visita, esta vez para denunciar el desacato del fallo.

Motivos para desistir

Alba, madre de dos niños de 6 y 11 años, abandonó la demanda, a pesar de que la había adelantado bastante. El proceso judicial estaba afectando su salud y provocó que perdiera su empleo por las tantas veces que solicitaba permiso para acudir al tribunal. “Yo estaba agotada. Estuve tres años en eso hasta que me cansé de dar tantas vueltas. Ahora mis hijos y yo luchamos por sobrevivir con lo poco que gano como secretaria de un médico”, apunta.
El padre de sus hijos se dedica a conducir camiones de carga. “Cuando vivíamos juntos, él me daba RD$12,000 semanales para los gastos. Pero al juez le dijo que él gana muy poco, por lo que le pusieron una pensión de RD$5,500 mensuales. Nunca pagó”, dice.
En su artículo 175, la Ley 136-03 ordena que si las partes no llegan a una conciliación espontánea un equipo multidisciplinario del Consejo Nacional de la Niñez (Conani) deberá realizar las investigaciones socioeconómicas pertinentes en un lapso de diez días. Sin embargo, en los juzgados se le asigna a la mujer la tarea de indagar sobre el salario de su esposo.
Alba se alejó de los tribunales porque no pudo lograr que en la compañía en la que labora su expareja le expidieran una certificación en la que constara el sueldo que devenga, a pesar de que presentó un oficio en el que un tribunal ordenaba la entrega de esa información.
Igual trauma vive Fior Aquino Ramírez, que le ha afectado su sistema nervioso. Fue al tribunal a buscar una orden de apresamiento para el padre de sus dos hijos porque, supuestamente, éste nunca ha pagado en su totalidad la cuota de RD$3,000 mensuales que le establecieron en 2010.
“Yo estoy muy mal, me siento deprimida. Llevo tres días sin dormir, tengo insomnio, porque la situación en la que estoy es crítica; no consigo lo suficiente para mantener a mis hijos”. Dice que tenía un trabajo “muy bueno” del cual la cancelaron porque pedía muchos permisos para asistir al tribunal a demandar a su ex pareja. Ahora trabaja como camarera.
Dificultades. El artículo 196, de la Ley 136-06, establece que el padre que incumpla con la pensión alimentaria será sancionado con dos años de prisión, pero rara vez esto sucede. El proceso judicial resulta muy lento, a pesar de que el artículo 175 ordena que, una vez presentada la querella, el Ministerio Público debe citar a las partes para conciliar en un plazo no mayor a diez días.
En el caso de que no se llegue a un acuerdo, la misma ley plantea en su artículo 176 que en un plazo no mayor a diez días se debe apoderar del caso al tribunal de niños, niñas y adolescentes.
La procuradora general adjunta Marisol Tobal, encargada de la Coordinación Nacional de Niños, Niñas, Adolescentes y Familia, atribuye la lentitud del proceso a la falta de personal del Ministerio Público y del Poder Judicial, y de herramientas en los juzgados para desarrollar una logística adecuada.
“Los juzgados de paz están sobrecargados de trabajo; tú encuentras un representante del Ministerio Público y un juez para todos los procesos que se ventilan de diferente índole”, apunta la magistrada. En el juzgado de paz de Santo Domingo Oeste, por ejemplo, hay dos personas para recibir las denuncias y otras dos para intervenir en la conciliación. Las cuatro se ven agobiadas por tanto trabajo.
No tienen ni una sola computadora para ingresar las informaciones; todo es a puro papel y bolígrafo. Los archivos –ya obsoletos– tampoco son suficientes, por lo que los documentos reposan en cajas de cartón apiladas por fechas en un rincón de la oficina.
Gladys Taveras Uceta describe sus carencias como jueza suplente en el juzgado de paz de Santo Domingo Oeste. Dice que al tribunal le falta apoyo logístico, no tiene archivista ni personal suficiente. “En este tribunal hay una deficiencia terrible. Ocurre lo que yo llamo ‘justicia a destiempo’, que se transforma en una injusticia. Hay una realidad que se escapa de mí como jueza. Sucede que estamos cansados de pedir personal. A las mujeres que acudieron a una cita en mayo, se le colocaron fecha de audiencia para septiembre”, sostiene.
En un día, Taveras Uceta puede presidir entre 35 y 40 audiencias. Cuenta que cuando sirvió en el tribunal de Los Mina, en Santo Domingo Este, conoció hasta 60 casos en un mismo día.
“Nosotros como jueces debemos velar por ese interés superior del niño, pero si estamos desarmados, no tenemos una computadora, ni una secretaria ni un asistente a la que le puedas pasar una sentencia o que te la fije para breve término, ¿cómo tú puedes brindarle el apoyo necesario a una mujer?”, se pregunta.

Tediosa y cara

Dilia Leticia Jorge Mera, abogada especialista en derecho de familia, describe la ruta que se sigue para interponer una demanda por manutención como “tediosa y costosa”. Critica que las mujeres deban incurrir en gastos como el pago de un alguacil para que lleve la citación al demandado. Muchas madres le pagan al alguacil RD$500, y hay quienes cobran dependiendo de la zona a la que va la citación. Mientras más exclusivo el sector, más caro.
“Es un proceso frustrante para la madre; una como abogada se siente mal. Por eso se abandonan los procesos. Las mujeres se sienten juzgadas cuando plantean una manutención elevada, aún teniendo la razón. Creo que el sistema debe ser más amigable”, expresa.
Otro inconveniente que señala es que hay padres que tienen sus bienes a nombre de terceros, lo que dificulta establecer sobre una base cierta su patrimonio y por consiguiente, la fijación de una pensión justa a favor de sus descendientes.
Demandado en el extranjero. Cuando el padre demandado reside en el extranjero resulta todavía más difícil para la madre llevar a cabo el proceso judicial, como demuestra el caso de Iris Yocasta Parra, madre de trillizas. La joven de 25 años procreó las niñas que ahora tienen tres años de edad, con un señor que no se interesó por reconocerlas legalmente, se marchó a Estados Unidos y las dejó en la indigencia.
“Lo que me dicen en el juzgado es que yo tengo que avisarles (a los jueces y fiscales) cuando el papá de las niñas llegue al país. Imagínese usted qué difícil”, relata la madre que ha librado varias batallas para poder permanecer junto a sus pequeñas.
El artículo 198 del Código del Menor plantea que el Ministerio Público de Niños, Niñas y Adolescentes realizará las diligencias pertinentes, “o lo hará a pedimento de parte, ante organismos extranjeros de protección de niños, niñas o adolescentes, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, a fin de lograr que se ejecuten las sentencias dictadas por nuestros tribunales”. Pero esta disposición se ignora en la mayoría de los casos.
El año pasado, las autoridades de Nueva Jersey y República Dominicana firmaron un acuerdo de cooperación para recaudar la manutención de los hijos que vivan en ambas jurisdicciones. Establece que ese estado se encargaría de descontar la pensión de manutención a los padres que residen allá y enviarla directamente al custodio del menor en el país.
Iris Yocasta cuenta que, en una ocasión, trabajadores sociales del Conani intentaron quitarle a sus hijas porque vieron que ella no tenía condiciones para mantenerlas. Una tía suya ahora paga la renta de la humilde pieza en la que reside en el sector Los Tres Brazos, Santo Domingo Este. Mientras tanto, sus hijas comen cuando una persona generosa se apiada de ellas. “Hay días en que sólo puedo ofrecerles un jugo de ‘sobrecito’ como único alimento. Es muy triste, sabiendo que su padre tiene con qué mantenerlas”.

Asistencia legal

Lo ideal es que cada una de las partes acuda al tribunal acompañada de un abogado. Pero en la mayoría de los casos eso no es posible, porque se trata de personas de escasos recursos, que ni siquiera tienen para costear el pasaje del transporte para llegar al juzgado. Por eso las personas andan perdidas, sin saber qué hacer.
La procuradora general adjunta Marisol Tobal entiende que el Estado debe conformar un departamento de atención legal a la víctima que asista a las personas de escasos recursos, sean padres o madres.
Opina que las miles de demandas de pensión alimentaria son un reflejo de la descomposición social que existe en República Dominicana “donde hay un alto índice de irresponsabilidad paterna”.
Estima que la mitad de los casos queda en el silencio porque la madre no tiene recursos, y siente desinterés porque el sistema no le responde como espera.

En el medio, los hijos

Hay casos en los que cuando el padre se separa de la madre, también se aparta de los hijos. Fior Aquino Ramírez expresa que el padre de su niño de ocho años y su niña de once nunca más se ha preocupado por la salud de sus vástagos desde que se divorciaron. “El niño lleva una terapia con una psicóloga porque es hiperactivo. Todavía su papá no ha ido a la primera sesión, a pesar de que la doctora ha solicitado su presencia en varias ocasiones”.
Dice que su niña le manifiesta que la lejanía de su padre la hace sentir mal. Para agravar la situación de los niños, la madre ha debido llevarlos a vivir con su abuela para que ella pueda trabajar.  “La niña me dice: ‘Mami, papi no nos quiere. Porque ni siquiera nos llama’. Yo le digo que las cosas no son así”, apunta Fior.
La psicóloga infantil Marina Orbe recuerda que los padres no deben involucrar a los hijos en las consecuencias de su separación y deben tratar de que el niño no tome partido de si su papá o mamá es bueno o malo, porque lo importante, dice, “es que el pequeño crezca sano emocionalmente”.
“El niño no puede entender cómo siendo su papá no puede darle lo que le corresponde. Eso hace que se sienta mal, le baja su autoestima, siente que su papá no lo quiere, comienza a tener dificultades al nivel académico, al nivel social. Se va aislando, se va poniendo violento y agresivo, y como consecuencia, se deprime”, puntualiza.
En el caso de Santa Virgen Matos, su hijo, que ha presenciado cuando su papá golpea a su madre, expresa que quiere matar a su progenitor cuando crezca. “Mi hijo está raro. No quiere estudiar, nada más vive peleando y tiene mucha violencia para todo”, lamenta.
Sobre esta situación, Orbe expresa que el niño debe asistir a terapia porque se crean en él “raíces de amargura” y se le forma una concepción muy mala de la figura paterna.

Monoparentales
Más del 35% de los hogares de República Dominicana son monoparentales. De esa cifra, más del 90% está a cargo de mujeres.
El 20.1% de las familias con mando femenino vive con menos de dos dólares al día, de acuerdo con el estudio más reciente que cuantificó la cantidad de madres solteras en el país, realizado en 2007. El informe de la Encuesta Demográfica y de Salud (Endesa) para ese año proyectó en un millón 400 mil las mujeres que en República Dominicana crían solas a sus hijos.

Pobreza
Un estudio realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial establece que los hogares monoparentales de jefatura femenina registra una tasa de pobreza de 20.1%, casi 8 puntos porcentuales más que las familias dirigidas por hombres o por la pareja.

 Divorcios
La Oficina Nacional de Estadística registra que en 2011 se concretaron 17,927 divorcios, 1,158 más que en el 2010, cuando se registraron 16,769. Es decir, que en promedio, unas 49 parejas casadas legalmente se separan a diario en República Dominicana.


La diferencia

En el sector Gazcue, Distrito Nacional, opera desde 2006 el Centro de Mediación Familiar del Poder Judicial, para facilitar que las personas en conflicto lleguen a un acuerdo consensuado mediante el diálogo.
En su mayoría, los casos que recibe la dependencia están relacionados con la repartición de bienes; en segundo lugar, está la pensión alimentaria y en tercero, la regulación de las visitas y decidir quién tiene la tutela de los hijos.
El director del centro, Alexis Rafael Peña, indica que a diferencia de los juzgados de paz, las personas que ponen una querella en el centro no tienen que pagar alguacil para que envíe la notificación al demandado ni tampoco contar con un abogado, pues esa institución les provee de forma gratuita todo lo que puedan necesitar para llegar a un acuerdo con su expareja.
“Cerca del 70% logra conciliar aquí y el acuerdo es homologado por un juez que lo convierte en sentencia. El resto que no concilió se remite a un juzgado de paz”, explica.
Como el centro no tiene jurisdicción, reciben casos de todas partes del país. El ambiente despejado y tranquilo que caracteriza ese lugar dista bastante del alboroto que caracteriza a los juzgados de paz.



Después de que El Informe con Alicia Ortega difundiera un reportaje sobre el trágico caso de Yumilka Torres Suero y su verdugo y padre de su hijo, Rafael Valenzuela, la Fiscalía de la provincia Santo Domingo envió a la redacción de La Lupa Sin Trabas a una fiscal para recoger como pruebas las declaraciones grabadas de la víctima y su victimario en su conversación con Felivia Mejía y Roberto Guzmán. Otra vez la justicia dominicana actuó con lentitud. Ya era tarde para la manutención del niño de Yumilka y tarde, sobre todo, para salvar a una mujer más que estuvo bajo amenaza, hasta perder la vida ante los ojos de las autoridades”.


Impacto


Rayos! No puedo creer que haya pasado tanto tiempo sin publicar nada aquí.
Waaooo Como pasa el tiempo!
Ponerme al día es súper complicado, pues han pasado tantas cosas que no terminaría nunca de contar.
Me han pasado tantas cosas lindas y buenas que me apena que no hayan quedadas registradas en este espacio que tanto quiero, aunque con este abandono no lo parezca.
Espero que con esta entrada haya marcado mi regreso.

Nos leemos pronto! (Bueno, en eso confío)

:D :)  ;)

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Escampada


Bocinazos que ensordecen, tapón que desespera.
Llueve.
Cierro los ojos. Ahí está tu sonrisa verdadera sólo para mí. Quietud en medio del caos.

Foto: Orlando Ramos.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Plegaria

Bésame como ayer, con vehemencia.
Tus brazos los quiero rodeando mi cuerpo y esas manos inquietas que se adueñen de mi espalda y mi cuello.
Bésame como ayer, con pasión inusitada.
Que vibre mi ser completo con la energía que desprendes cuando estamos cerca.
Bésame, bésame.
Así, como ayer, que era la primera vez que tus labios se encontraban con los míos.
Yo temblaba, emocionada. Por instantes sentí que flotaba.
Y tú, con esos pálpitos tan prontos.
Ahhh, pensé que tu corazón colapsaría.
Te vi frágil, a la vez fuerte. Te vi tierno.
Amarnos se dio por gravedad.
Bésame como ayer, como quien explora lo desconocido, con la curiosidad propia de un chico travieso.
Bésame y no pares, que tus besos me dan vida.
Hazme eterna.
Foto: Orlando Ramos

sábado, 16 de junio de 2012

Adicción que empezó con la apuesta de cinco pesos

Todo empezó con la apuesta de cinco pesos en la ruleta electrónica de una banca de apuestas. Eduardo Betances apenas salía de la adolescencia. Esos cinco pesos se convirtieron en setenta pesos tras detenerse el giro de la ruleta.
Eduardo, de 39 años, cuenta que aquella vez estaba emocionado y al día siguiente quiso experimentar esa misma sensación de ganador. “Cambié a las apuestas deportivas. Mientras esperaba el partido de las Grandes Ligas jugaba en la ruleta. Más adelante, como ya había perdido tanto pensé que podía recuperarlo jugando y me fui a los casinos”, narra Eduardo.

Sin darse cuenta pronto se convirtió en un ludópata. La adicción a los juegos de azar lo llevó a perder su negocio de repuestos de vehículos y su familia. Su esposa lo abandonó junto a su hijo.
Había perdido también la confianza de parientes y amigos cercanos: “Es una actividad engañosa, la persona que sufre esa patología no se percata del grave error que comete. Empiezas a jugar de manera compulsiva. Yo visitaba el casino a diario pensando que en la próxima jugada me iba a recuperar. En una noche jugué 45,000 pesos y los perdí. Lo que menos llevaba al casino eran 5,000 pesos”.

Eduardo tenía un negocio próspero que descuidó por irse al casino, donde sabía permanecer hasta por 48 horas sin sentir hambre, cansancio o deseos de estar con su esposa. “Me hospedaba en los hoteles para estar cerca del club de juego. Esperaba en el lobby a que abrieran. Al principio todo el que va gana. Esa es la trampa. Ese mundo te vende la ilusión de que te puedes hacer rico. El jugador ignora que ese negocio está hecho para que gane el dueño”, dice.
Una noche de suerte lo que más obtuvo fueron 14,000 pesos pero ya había apostado el doble.
La Organización Mundial de la Salud define la ludopatía como un “trastorno del comportamiento, consistente en la pérdida de control en relación con un juego de apuestas o más, tanto si incide en las dificultades que supone para el individuo dejar de jugar cuando está apostando, como en mantenerse sin apostar definitivamente en el juego”.

El ludópata es la persona que tiene un impulso irreprimible de jugar, a pesar de ser consciente de las consecuencias personales, sociales y económicas de esa conducta.

Aunque no hay estadísticas oficiales, la Organización Panamericana de la Salud estima que entre el 1% y el 3% de la población mundial es adicta al juego. De esta cantidad, entre 5 y 20 millones viven en América Latina.

Eduardo advierte que el mercado de los juegos de azar mueve el vicio de la droga, alcohol, cigarrillo y prostitución. Al verse acorralado por el juego y endeudado hasta el tope, optó por consumir drogas para evadir su dramática realidad. En ese momento sintió que “tocó fondo”, fue entonces cuando decidió buscar ayuda profesional.
Cada año más personas buscan rehabilitarse en el centro Hogar Crea. En el 2010 habían recibido 23 personas y el año pasado 27 ludópatas asistieron a terapia.

“Perdí mi vida en el juego”

La ludopatía, como otras adicciones, incita al individuo al robo para conseguir con qué saciar su necesidad.
Fue el caso de José (nombre ficticio), un contador de 45 años que ahora está en recuperación después de jugar en las bancas deportivas por 20 años.
“La ansiedad no te permite pensar en nada, no tienes control del tiempo. Mi vida era jugar. El juego robó mi vida”, explica.

Suicidios, desintegración familiar, deudas que nunca se terminan de saldar y autodestrucción económica son las consecuencias del juego excesivo. José podía permanecer todo un fin de semana apostando a los partidos de fútbol, baloncesto o béisbol.
“Tomaba dinero de mi esposa, el dinero de la comida o el de la leche de mi bebé para apostar, no importaba”, recuerda. Cuenta que antes de entrar al lugar de apuestas pensaba: “llego con 10,000 pesos y dentro de un rato salgo sin dinero”. Y así mismo sucedía.
“Es una de las adicciones más fuertes que hay, te podría decir que es más destructiva que el consumo de drogas”, agrega.

Cambio

Teresa Adames, coordinadora del Programa de Acompañamiento Psicológico de Casa Abierta, explica que la ludopatía se trata como cualquier adicción.
“Generalmente son personas que vienen de familias disfuncionales, que han sufrido abandono emocional, abusos en la infancia, vivieron eventos traumáticos, tuvieron padres muy permisivos o presentaron dificultades de aprendizaje”, expone.

El ludópata debe empezar por reconocer su adicción y después, recomienda Adames, debe visitar a un especialista en conducta humana que lo guíe: “Trabajamos la autoestima, que la persona aprenda que tiene una enfermedad y cómo puede manejar sus emociones”. La psicóloga atribuye el aumento de ludópatas a la proliferación de bancas de apuestas y máquinas tragamonedas en el país.
El apoyo de la familia es fundamental para que el adicto se mantenga firme en su decisión de cambiar. l

Una vida como “perro de fritura”


 Eduardo Betances narra que en varias ocasiones vio gente que llegaba al casino en automóvil de lujo y al salir de allí pedían dinero para irse en taxi porque perdió el vehículo en una partida de póker: “Ví gente que iba sin dinero, que ya no le quedaba nada, pero iba a mendigar que alguien le diera cien pesos para jugar. Yo los llamo ‘perros de fritura’, que se quedan esperando que el otro coma para que le tire el hueso”.

Eduardo, que lleva un año en recuperación en Hogar Crea, está feliz de su decisión de cambiar. Habla con entusiasmo sobre sus planes para cuando salga del centro de rehabilitación.
“Es una vida que no la deseo a nadie. Cuando ya no te queda un peso, aparece un prestamista que te da dinero a cambio del carro o de tu casa.
Ese no juega en el casino, simplemente está ahí esperando ver a alguien desesperado para ofrecerle dinero”, dice.

De la serie "Atrapados en el juego"
Publicada en El Caribe.

"Eres el rey del casino, mientras te queda dinero"

Las bancas de apuestas reportan al fisco más de 200 millones de pesos al año

A las cuatro de la tarde encienden las luces de colores del casino. Para Roberto, de 57 años, es como si se le iluminara la vida. Entra, se sienta en la mesa de la ruleta y empieza a apostar. Cambia 500 pesos por fichas azules. Ninguno de los números que escogió lo hizo ganador.
Media hora más tarde de su bolsillo extrae otra papeleta de 500 pesos. En una hora ha perdido mil pesos.
En veinte años de juego el saldo ha sido una ferretería y su vivienda. “Mi hermano me trajo al casino por primera vez. Vine a acompañarlo sin mucho interés. Me gustó y después venía solo. Ahora, él está en Estados Unidos, huyendo de las deudas que dejó pendiente aquí”, expresa Roberto a elCaribe de manera espontánea.

La sala tiene una iluminación uniforme, se escucha una música agradable. El ambiente es acogedor y climatizado. En el piso alfombrado de rojo las máquinas tragamonedas forman una hilera que parece interminable. Un escalón abajo se encuentran las mesas de apuestas y en el segundo nivel están las mesas de billar.
En el país operan 60 casinos y 3,000 bancas de apuestas, según registros de la Comisión Nacional de Casinos, adscrita al Ministerio de Hacienda. La mayoría de esos clubes opera en zonas turísticas.

En el 2010, al fondo general del Estado se depositaron mediante el fisco 210.5 millones de pesos, por concepto de licencia para operar bancas de apuestas; 11.5 millones más que el año anterior, cuando la recaudación ascendió a 199 millones de pesos. El portal web de la Dirección General de Impuestos Internos publica que en los primeros ocho meses del 2011 habían recaudado 115 millones de pesos por el mismo concepto.

El reloj marcaba las 8:30 p.m. cuando una camarera impecablemente vestida se acercó a Roberto con un “carrito” lleno de picaderas y toda clase de bebidas alcohólicas y sin alcohol. Roberto tomó un pequeño plato de papas salteadas con mero a la plancha, de las manos de la joven sonriente. Se toma un jugo de piña natural, mientras comenta que ya ha perdido tres mil pesos. “No puedo evitar venir casi a diario a jugar”, dice.
La calidad del brindis mejora dependiendo de la cantidad de dinero que apueste una persona. De ahí que si se trata de un cliente generoso, la gerencia considera hasta costearle una habitación de hotel para que descanse si lo solicitara.
En la mesa contigua a la de Roberto, una señora que por poco pasa los 40 años está nerviosa. Grita al supervisor de las mesas que el dealer no le ha dado un bono de tres mil pesos que le corresponde. “Saqué del cajero 15 mil pesos y mira lo que me queda”, dice señalando una papeleta de mil pesos. Ella fue de las primeras que llegó al club ese lunes. El supervisor hace unos cálculos en su libreta y le responde a la señora que efectivamente ha cambiado 14,000 pesos en fichas pero que sólo ha jugado 3,500. “Enséñeme las que tiene en las manos, cuando se les terminen esas fichas entonces hablamos”, afirma el supervisor. En esa misma mesa, una joven mujer estaba calmada, había ganado RD$4,500 luego de apostar RD$2,000 y esperaba que le pagaran para marcharse. La seguridad es estricta. En la puerta hay tres personas que revisan a los visitantes que llegan para verificar que no tengan armas de fuego ni sean menores de edad. Otros hombres vestidos de traje negro merodean el salón.

En las mesas ocupadas resalta la figura de importantes accionistas bancarios, catedráticos universitarios, acaudalados empresarios e intelectuales. De los extranjeros presentes, se destaca una mayoría de origen oriental -chinos y coreanos-.  A la 1:00 a.m., Roberto, que ocho horas atrás había llegado con aires de majestad, se despide como un plebeyo, con los bolsillos vacíos. “Hay días que me voy a las 6:00 a.m. cuando cierran esto, pero ya jugué lo que traía. Aquí eres el rey del casino mientras tienes dinero”, expresa.

El dealer

“La función del dealer es ganarle dinero al que juega. Recibimos un entrenamiento de dos meses antes de ser contratados. Uno aprende a preveer cuál será la jugada del cliente”, explica Enrique Medina, que trabajó como dealer. Asegura que las máquinas no están adulteradas para hacer que el cliente pierda, pero que el dealer emplea trucos para que el casino gane todas las veces posibles.

Un negocio de muchos millones de pesos


La Ley 351-64 que rige los casinos está obsoleta. A pesar de las modificaciones que se le realizaron a la norma que data de 1964, todavía no se adecúa a la realidad local. Para establecer un casino hay que pagar un impuesto de 10 millones de pesos y cinco millones de pesos de fianza. Además, está la cuota de un millón de pesos para obtener la licencia, entre otro requisitos.
La Ley 351-64 establece que un casino debe operar en un hotel de primera categoría que tenga al menos cien habitaciones, pero ese requisito se ignora en muchos casos.
Los montos de impuestos para los casinos fluctúan entre RD$25,000 y RD$32,000 por mesa, dependiendo la cantidad que tenga y si opera en la capital.

De la serie: "Atrapados en el Juego"
Publicada en El Caribe

viernes, 15 de junio de 2012

La cita que no fue


Las seis de la tarde. Ambos apagaron sus ordenadores después de terminar la jornada. Él había insistido todo el día por otra cita.
Después de tanto dudar, Ella asintió, pero al final no cumplió su promesa.
Evitó el encuentro a pesar del deseo que abrigaba de sentirse protegida entre sus brazos.
Adelanta los pasos hacia su morada. La incertidumbre le acompaña hasta que por fin llega a la casa. Se sienta en una silla mirando a la calle. Tiene la esperanza de que él aparecerá para rescatarla de su agonía.
Sus ojos bien abiertos, a la expectativa. Piensa que en cualquier momento él irrumpirá y -sin mediar palabras- ¡zas! la ahogará en sus besos tiernos.
Y ese corazón que acelera sus latidos...
Naaah! Puras ilusiones...La noche se hizo vieja durante su solitaria espera.
Se retorcía de dolor, pobrecita niña.
¡Cómo lloraba! Parecía una desgraciada sin dolientes. Se halaba los cabellos con fuerza. No quería estar, no quería pensar. Pero lo hacía y lloraba más, de rabia, de impotencia, de amor. 
Lloraba porque, a veces, decidir lo correcto duele.

martes, 10 de abril de 2012

Maternidad encarcelada

Las reclusas embarazadas pueden permanecer con sus bebés en el penal por 12 meses después de dar a luz. Foto: Carlos Mejía

Cuando Shadday crezca no recordará que su primer año de vida transcurrió en la celda de una cárcel. Pero para su madre, Idetzy González, de 21 años, ese episodio será inolvidable.
A esta bebé de ocho meses la quieren mimar todas las reclusas del Centro de Corrección y Rehabilitación Najayo-Mujeres, como a las otras dos bebés que viven en pabellón de madres.

Para llegar a esa sección del penal hay que atravesar una amplia antesala decorada con dibujos del ratón Mickey y el pato Donald, equipada con dos mesas, sillas y un librero vacío.
A la izquierda hay una puerta que da a un pequeño patio donde se lava y se tiende la ropa.

Las estrechas celdas rectangulares de unos 2.5 metros de largo están concebidas para que en cada una duerman tres mujeres, pero en el pabellón de madres sólo conviven dos por celda y el espacio para la cama que queda libre se usa para acomodar la ropita y lo que necesita la criatura recién nacida.

Idetzy González podrá tener a su bebé con ella hasta que alcance los doce meses de edad. Para cuando tengan que despedirse deberá tener claro a dónde irá la niña.
Su caso es especial. Ella es de Panamá y no tiene familiares en Santo Domingo. “No quiero que a mi niña se la lleven a una guardería pública. Eso me tiene muy triste”, dice entre sollozos.

El momento de la separación es el más difícil para las madres. La encargada del trabajo social del penal, Elizabeth Luciano, expresa que la mayoría de las madres salen con su bebé en los brazos y que son muy pocos los casos en los que el niño debe entregarse a un familiar.

El caso de Idetzy se complica porque en Panamá ella tampoco tiene familiares cercanos. “He hablado con una tía que me dice que está dispuesta a cuidarla, pero no sé. Lo que pido es que me dejen cumplir mi condena en Panamá porque será más fácil para mí ver a mi niña”, expone Idetzy, que cree que es muy poco el tiempo que le permiten estar con su cría.

En otros países, como Argentina, las madres tienen derecho a permanecer con sus hijos hasta que éstos cumplan los cuatro años de edad. Luego, los pequeños se entregan a un familiar o se trasladan a un centro de cuidado infantil del Estado. Mientras que en España, las reclusas tienen consigo a sus hijos hasta los tres años.

Entre tres y cuatro reas ingresan embarazadas cada año a Najayo-Mujeres. Si en una cárcel del modelo tradicional llega una reclusa embarazada se traslada a una que se rija por el nuevo modelo. Luciano recuerda que a Najayo Mujeres llegó una madre que cumplía condena en La Romana.Las mujeres que tienen sus bebés quedaron embarazadas antes de ser apresadas debido a que aquellas que tienen derecho a la visita conyugal se someten a planificación.

De los 23,000 internos en las cárceles del país, 600 son mujeres.

A dos celdas de distancia de la morada de Idetzy, una bebé de 20 días de nacida es acurrucada por su madre. Sugeidy Cordero, de 20 años, cuida celosa a su niña Wilandy, su cuarta criatura. Los demás, el mayor tiene siete años, están bajo el cuidado de su padre y su abuela materna en su vivienda del sector Gualey, en el Distrito Nacional.

No hay preocupación en Sugeidy por el tiempo que por ley una reclusa debe permanecer con su bebé, pues ella, condenada a un año de prisión y dos años de trabajo comunitario por intentar introducir media libra de marihuana a la cárcel de La Victoria, cumplirá con su condena en menos de tres meses. “Yo estoy tranquila. Nunca me dejo derrumbar por nada, sino que lo enfrento. Hoy estoy aquí tranquila. Ya casi me voy. Mi niña y yo estamos bien, no nos falta de nada. Pero eso no quiere decir que no deseo estar libre”, indica.

La dirección de la prisión abastece a las madres de pañales desechables, leche de fórmula y todo lo que pudiera necesitar para el cuidado de las niñas. Las reas salen custodiadas a cumplir con las citas médicas.
Luciano explica que mientras las reclusas tienen a sus bebés con ellas se les exime del deber de participar en cursos de formación, quehaceres de limpieza o cualquier oficio que les corresponde cumplir dentro del penal.

“Ellas participan de alguna conferencia, si así lo desean. Le dejamos todo el tiempo para que se dediquen a sus hijos”, apunta.

Najayo-Mujeres, con capacidad para 296 reclusas, tiene 262 internas, de las que una está embarazada y tres están con sus bebés. Las tres mujeres que acunan a sus bebés detrás de los barrotes aseguran que desconocían de su estado de gestación al momento de ser apresadas.

“Me enteré porque me lo dijeron cuando me ingresaron aquí. Fue muy duro. Lo único que hice fue llorar y llorar. Todos los días lloraba”, recuerda Idetzy, condenada a cinco años por entrar al país con dos kilos de cocaína. Mafiosos le habían prometido pagarle 15,000 dólares.

Idetzy cuenta que por lo regular Shadday duerme toda la noche, por lo que un día normal suele empezar a las ocho de la mañana. “Ella despierta. Yo la alimento, juego un poco con ella. A eso de las diez se vuelve a dormir y al mediodía la levanto para bañarla y alimentarla. Las horas se me van jugando con ella y atendiéndola”, comenta.

Secuelas de la separación


La mayoría de las reclusas son madres. Separarse de los hijos para muchas es la condena más dura que deben cumplir. Alexandra Báez (nombre ficticio), de 33 años, narra que cuando le tocó entregar a su niño a la abuela luego de que cumpliera el tiempo establecido en la cárcel fue un momento muy difícil, por lo que recibió la asistencia psicológica. “Una de las cosas más dolorosas es que tus hijos crezcan sin ti. Esto ha sido demasiado grande”, indica.

Entre los obstáculos para mantener el contacto emocional entre el niño o niña y sus padres están la distancia, el hecho de que no cuentan con un adulto que los lleve a visitarlos, la falta de recursos económicos y los conflictos familiares. Alexandra ve a sus hijos dos horas al mes.

Para su familia, que vive en San José de Ocoa, es difícil trasladarse hasta el penal con más frecuencia. Asimismo, el pensamiento de que la cárcel no es un lugar apropiado para que los niños visiten es otra barrera. “Mi niño que nació aquí tiene tres años. Me decía tía o me llamaba por mi nombre. Eso me dolía mucho. Mi mamá le enseña que yo soy su madre y ya está comprendiendo”, sostiene.

Recomendación de la ONU

El sistema de derechos humanos de las Naciones Unidas en un documento elaborado en 2006 plantea que los Estados deben considerar medidas alternativas diferentes a la detención preventiva para madres con bebés y niños que dependen de ellas, incluyendo el que se establezca claro cómo, cuándo y quién determinará que esos niños existen y tomarlos en cuenta al evaluar si una detención preventiva es o no necesaria.

“Los Estados deben meditar sobre el costo social que implica aumentar el uso de las penas de privación de la libertad de mujeres por delitos no violentos, tomando en cuenta las graves consecuencias que el encarcelamiento de la mujer tiene para la familia y la importancia de una buena relación familiar como factor clave en la prevención de delitos”, apunta el informe.

Propone que se dicten sentencias alternativas, sin privación de la libertad, para infractoras de delitos no violentos.

Resalta el valor del amor maternal

La psicóloga Olga María Renville explica que la madre es el vínculo más importante en los primeros años de la vida del niño o niña, por lo que cuando hay una interrupción violenta o inesperada se crea un vacío en el infante.
Dijo que es una situación muy compleja, porque si la persona cometió un delito debe cumplir su condena y no porque sea madre se le puede dejar pasar.

Explicó que lo ideal sería que las cárceles contaran con espacios adecuados para que esos niños permanezcan en ese lugar el tiempo más extenso posible y que en ese lapso reciban todas las atenciones y la formación que requieran.
“Si el niño nace y crece en un lugar como ese, no le resultará extraño. Aunque es importante que el chico se relaciones con otros de su edad, más daño le causa separarse a muy temprana edad de su madre”, señala Renville.

Publicado en El Caribe 



Pastillas de colores que oscurecen la vida

El uso de éxtasis y estimulantes anfetamínicos cobra mayor relevancia entre los jóvenes de 15 a 25 años

La fiesta de música electrónica iniciaba en la noche y se extendía hasta que el sol “picaba” al día siguiente. Para disfrutar hasta el último  minuto, Carlos, de 19 años, tomaba de las pastillas de colores, que bien podía tratarse de éxtasis, LSD o estimulantes anfetamínicos. No reparaba en sus componentes, a Carlos le interesaba que esa tableta, con dibujos de diamantes, caritas felices, carros, tréboles o letras, le provocara la sensación de bienestar y ganas frenéticas de bailar y divertirse hasta que el disc jockey terminara de sonar los platos. “A veces te engañan. Te venden una cosa adulterada para que compres más, como los efectos de una pastilla mala duran menos, consumes más”, comenta.

El consumo de ese tipo de drogas denominadas sintéticas o de diseño aumenta vertiginosamente en jóvenes de 15 a 30 años. La Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) reporta un incremento exorbitante de incautaciones de pastillas de éxtasis –la más demandada entre los consumidores de drogas sintéticas-, este año ocuparon 25, 979 pastillas. Mientras que entre 2010 y 2011 las incautaciones sumaron a 689 pastillas.

En 2010 la DNCD ocupó 153, 767 unidades de benzodiacepina, un medicamento que tiene efectos sedantes, ansiolíticos y de relajante muscular, pero en 2011 no registró incautaciones de ese tipo. Además del éxtasis (la más popular de las anfetaminas, llamada también metilenodioximetanfetamina MDMA) y la benzodiacepina, entre las drogas de diseño más consumidas se cuentan la Ketamina (conocida en el lenguaje callejero como Super K, Special K ó K), LSD, PSP (polvo de ángel o novia blanca) y Cristal Med (metanfetamina cristalina).

“Yo quería experimentar la alegría que veía en otros cuando iba a esas fiestas. Pregunté a mis amigos qué era y de inmediato probé. Empiezas a ver colores distintos, escuchas los sonidos más agudos, estás tranquilo y te sientes grande”, explica Carlos.
 Rafael Ramos, de 32 años, que se rehabilita de su adicción al éxtasis en Hogar Crea, cuenta que cuando consumía esa sustancia no sentía hambre, pero sí una sed insaciable. “Te pasas la noche bebiendo agua, si te fijas, por eso es que venden las botellitas de agua tan caras en esas fiestas, hasta el triple de su precio. Esas pastillas te mantienen despierto el fin de semana completo. Puedes pasar dos o tres días sin comer nada, sólo consumiendo el éxtasis”, narra.

Los efectos de las pastillas duran entre tres y cinco horas, de ahí que un adicto pueda introducirse entre cinco a siete pastillas en una fiesta rave. Después del efecto, invade la depresión, falta de apetito y el estado de ánimo bajo. El uso de ese tipo de estupefacientes es más común en jóvenes que gustan de las fiestas “rave” y de música electrónica, que provienen de clase media alta y alta por su elevado costo. Una pastilla se cotiza entre 300 y 500 pesos, mientras una dosis de marihuana se podría conseguir en menos de 100 pesos. Además, consumirlas implica una inversión importante, señala Rafael: “Mayormente uno la usa en “coro” con los amigos. Súmale la compra de la entrada a la fiesta “rave”, que casi siempre es una playa retirada como Cabarete o Punta Cana. Súmale la gasolina para moverte allá, el hotel que pagas, la ropa nueva que te compras para ir allá… esa es la droga de los riquitos”, dice.

Eduardo, de 30 años, además de consumir éxtasis también las traficaba. Indica que en una noche podía vender entre 200 y 300 pastillas: “Recuerdo una vez que en seis horas me gané 46,000 pesos. En tiempo récord vendí casi 200 pastillas. Tienen mucha salida en fiestas de halloween y ahora en Carnaval“.

Ricardo José, de 34 años, que tiene diez años reeducado, cuenta que a los 19 años era un adicto a las drogas sintéticas. Eran los primeros años de la década del 2000, cuando los conciertos de música electrónica iniciaban en el país. “Primero sólo consumes en las fiestas con tus amigos. Después tu vida es una rutina de dormir, levantarte y drogarte. Enfocas tu vida en disfrutar próximo bonche y buscar la manera de cómo obtendrás el dinero para ir”. Su adicción provocó el distanciamiento de su familia y lo convirtió en una persona sin proyectos e inactiva. “Es una sustancia que te deja detenido.
No hay un crecimiento emocional ni de carácter. Eso te destruye las neuronas. Te pone a tocar fondo más rápido que otras drogas como la marihuana o cocaína. Una persona se pasa 40 años tomando al alcohol, pero si consume drogas de diseño a los tres años está acabado”.

La Oficina de las Naciones Unidas sobre la Droga y el Delito advirtió que es muy difícil controlar este tipo de drogas de diseño porque al depender su fabricación exclusivamente de productos químicos se pueden crear en cualquier lugar, a bajo precio y sin dejar rastro.

Según ONU
Las anfetaminas son la segunda droga más utilizada, después de la marihuana

Consumidores de diferentes perfiles

Vicente Tapounet, director ejecutivo de la Fundación Fénix, que trabaja en la rehabilitación de adictos, explica que los consumidores de drogas sintéticas tienen varios perfiles. Por ejemplo, dice, la anfetamina se usa en medicamentos para bajar de peso, por lo que es utilizada mayormente por mujeres propensas a la obesidad. Mientras, continúa Tapounet, la benzodiacepina sirve para tratar la ansiedad y el grupo poblacional que más las usa son mujeres de edad avanzada.
El uso de éxtasis, psp, ketamina y otras son frecuentes en jóvenes.“Una droga es la puerta de entrada a la adicción de otra con efectos más fuertes. Para el que consume drogas hay tres caminos: la muerte, el hospital o el manicomio. Se observa el deterioro progresivo en su calidad de vida, el descuido de la escuela o del trabajo”, apunta.

Publicado en El Caribe