sábado, 7 de febrero de 2009

Periodismo desde dos perspectivas distintas


Algunos de mis compañeros del Máster Joly de Periodismo y Comunicación y yo en nuestra primera visita al Diario de Sevilla escuchando las orientaciones del director del programa, Juan Luis Pavón.

Todo el transcurso del Máster estuvo marcado por la rapidez. Hasta el final. Un miércoles tuvimos la última clase y al otro día nos tocó presentar el proyecto final. El martes siguiente nos graduamos y unas horas después ya estábamos recibiendo orientaciones sobre el trabajo que desempeñaríamos en el Diario de Sevilla.
Empecé a laborar en ese diario el verano pasado, en la sección Vivir en Sevilla, donde se ofrecen los detalles de los eventos acontecidos en la ciudad -cursos, conciertos, exposiciones, actividades de recreación, celebraciones tradicionales- y se informa de temas de salud, ocio, entretenimiento, la agenda…
Vivir en Sevilla es algo compleja porque sus contenidos a veces rozan aquellos que realmente corresponden a las secciones Espectáculos o Cultura, así que a veces se armaba la disputa entre nosotros por algún tema.
Cuando me asignaron a esa sección lo primero que pensé fue: “Wao, voy en coche. Reportajes light, tranquilita en la redacción. Me pasaré un veranito sin coger mucho sol”.
¡Craso error! Sucede que me tocó un jefe bastante dinámico al que se le ocurrían los temas más estrafalarios. La verdad es que cada día cumplir con la agenda era un reto.
Mi mesa de trabajo estaba justo al lado de la del segmento Local. Esto me permitió conocer de cerca cómo se hace periodismo en esta área tan importante, dónde se tratan los temas que más tocan a los ciudadanos.
En una sección similar había trabajado antes en República Dominicana, en País del periódico El Caribe. Por eso, apoyada en mi experiencia, podía distinguir perfectamente el estrés en las miradas de mis colegas después de un día de intensa jornada.

Durante los seis meses en el Diario de Sevilla aprendí un periodismo diferente al que estaba acostumbrada, un ejercicio más cómodo, quizás. Pero no menos serio. Digo más cómodo porque mi jornada empezaba a media mañana, no tan temprano como en Santo Domingo, que desde las ocho de la mañana ya coinciden dos y tres ruedas de prensa a la misma hora. Entre las cosas que me llamaron mi atención destaco:

En el viejo continente conocí al 'periodismo del teléfono'. Una buena parte de las entrevistas se hacen por esa vía. La gente en la mayoría de los casos está presta a contestar sin objeción.
En Santo Domingo es toda una odisea encontrar a un funcionario o político disponible. Me sobran los dedos de mis manos al contar la cantidad de personas que siempre están dispuestas a contestar a la prensa por teléfono.

Otro aspecto es que en Sevilla no existe el superpoderoso equipo formado por periodista, fotógrafo y chofer.
El fotógrafo tiene su propia agenda y trabaja independiente al periodista. Esto a veces es un caos, porque no sabes qué tipo de foto te traerá el compañero. A veces escribes pensando en una imagen que luego no encuentras en el Millenium Picture (programa donde los fotógrafos descargan su trabajo).

Lo del transporte fue lo que me dejó anonadada. No me podía creer que yo debía llegar como pudiera al lugar de los hechos (a pié, en autobús o taxi ¡pagado de mi bolsillo!). Bueno, por lo menos descansé de la letanía de quejas sobre las malas condiciones de las flotillas de vehículos o la incomodidad con los choferes que sufrí en mi anterior trabajo.
Si ibas fuera de Sevilla tenías que llevar el comprobante del taxi o autobús que tomaras para reembolsarte el dinero a final de mes, nada de dietas o viáticos. Si te trasladabas en tu propio automóvil, debías llenar una ficha donde se detalla la cantidad de kilómetros recorridos y en base a eso te daban una cuota para los gastos de combustible.

La jornada en España tiene dos pausas importantes y cuasi sagradas: una para tomar café y otra para fumar.
Mis colegas españoles tomaban café como si fuera agua. En este caso, El Caribe les lleva ventaja. En el Diario de Sevilla no disponíamos de una señora tan amable como Doña Colón que te lo lleva con tanto cariño al escritorio, si no que era preciso salir a comprarlo a una cafetería o tomarlo de la máquina ubicada en el tercer piso.

Hay algunas cosas que permanecen invariables no importa la redacción en la que te encuentres. Por ejemplo, no cambia que la sección de Deportes sea la que siempre está más animada y graciosa. La celebración de la llegada del viernes como un regalo divino (si no te toca trabajar el fin de semana, claro). La soledad y el silecio del salón al mediodía. Está presente también la satisfacción personal cuando ves tu trabajo publicado (la satisfacción es mayor cuando publicas un reportaje denunciando algún abuso y al otro día te enteras de que se han tomado cartas en el asunto).

Asimismo, no cambian las discusiones entre colegas en torno a quién le corresponde tomar los días libres primero. Están las quejas por los bajos salarios –que pena que este aspecto también se repita hasta en euros-. Las eternas quejas por la lentitud con la que trabajan los ordenadores y por la falta de avanzadas tecnologías en las salas de redacción que permitan un trabajo más rápido y eficiente. En Sevilla también se escuchaban rabietas porque no funcionaba la fotocopiadora o la impresora justo cuando más las necesitabas.

Descubrí que no importa la sala de redacción que visites, te encuentras con el periodista chistoso, que siempre hace amena la jornada con sus cómicas ocurrencias; la periodista fashion, que no parece que va a la calle a cubrir ruedas de prensa de políticos criticando la gestión gubernamental, sino que se viste como para desfilar en una pasarela de moda; el periodista despistado, el hippie, el gruñón, el mandón… Los había en Sevilla y de cada uno de ellos también conocí un ejemplar en El Caribe.

2 comentarios:

Horacio Gambarte dijo...

Querida Brisa: las redacciones son como los no lugares (espacios que se parecen indistintamente del lugar donde te encuentres)... Cada personaje que describes era un compañero mío en las tres redacciones que me tocó trabajar. Todas en mi ciudad, Tucumán, Argentina.
La verdad, con esa perspectiva, no sé si me gustaría conocer otra redacción. Besos, Brisa...

Felivia dijo...

Estimado Horacio: te cuento que hasta a mí me asusta un poco volver a la fogata de la sala de redacción de un periódico.
Ahora estoy valorando una oferta (que parece muy buena) para regresar a mi antiguo trabajo... Espero tomar la mejor decisión.

Cariños y abrazos caribeños para ti ;)