martes, 29 de junio de 2010

¿Hasta dónde?


Por Petra Saviñón


Todo comentario es repetido, desgastado. Cualquier asalto de rabia, de reclamo es nulo y cae al vacío. Un atropello policial es rápidamente suplantado por otro. Hasta que reinan el olvido y la indiferencia que permean lo cotidiano.

Hoy nos llena de ira, de impotencia el caso de Abraham Ramos Morel, muerto la madrugada de ayer de un balazo en la nuca por una patrulla a la que desobedeció la orden de parar en una zona oscura. Celebraba su cumpleaños 23.

Antes nos alarmaron otros abusos, otras aberraciones, con otros nombres y bajo otras excusas absurdas, usadas para justificar torturas y ejecuciones disfrazadas de intercambios de disparos, para cometer excesos como el que presencié esta tarde. Un camión de la Policía se detuvo y dos agentes arrastraron por las camisetas hasta la parte trasera, repleta de jóvenes, a tres muchachos que caminaban por la calle Juan María Lora Fernández, en Los Ríos. Alegaron un operativo antidrogas.

Mi protesta se enfrentó a la ferocidad de la respuesta de los “uniformados”, que me ordenaron callar y a la pasividad de un grupo de espectadores que se desahogó solo después de que el vehículo partió.

Una cadena de atrocidades nos marca, nos inunda el miedo y todos nos sentimos vulnerables, a merced del terror que impone un organismo que perdió o nunca asumió la responsabilidad para la que fue creado.
 
Petra Saviñón es periodista y poeta.

miércoles, 16 de junio de 2010

¡A comer mangos!


Estamos en plena temporada de mangos. Como cada año, mi amada Baní, ciudad reconocida por la alta calidad de su producción de esta fruta, se prepara para celebrar Expo Mango.

La cita para esta sexta versión es a partir de mañana jueves 17 al domingo 20 de junio en la explanada del Ayuntamiento municipal. Serán cuatro días de actividades que permitirán al visitante conocer y degustar más de cincuenta clases de mangos.
Se realizarán charlas sobre la diversidad genética de esta fruta en la República Dominicana, visitas a fincas en plena producción, concursos en los que se demostrará quien come más mangos y otras actividades culturales, educativas y sociales.
Expo Mango 2010, además de ser un foro de negocios orientado a promover el intercambio entre los diferentes sectores que intervienen en la producción, comercialización y procesamiento del mango, tiene la intención de promover el atractivo eco turístico de Baní, llamada la “Capital del Mango” de la República Dominicana.
El comité organizador de este festival está integrado por el Instituto Dominicano de Investigaciones agropecuarias y Forestales (IDIAF), el Clúster del Mango Dominicano y el Centro para el Desarrollo Agropecuario Forestal, el Ayuntamiento de Baní, la Gobernación de Peravia y otras instituciones.



Programa

Jueves 17
“Inauguración”. Se efectuará el acto formal que dejará abierta la feria. Todas las noches se desarrollará un programa de presentaciones artísticas y culturales.

Viernes 18
“Día Tecnológico”. Expertos nacionales e internacionales en diferentes áreas del cultivo de mango compartirán con productores y técnicos dominicanos los últimos conocimientos en la producción eficiente del cultivo.

Sábado 19
“Giras de Campo”. Visitas a las principales fincas productoras con tecnología de punta de la ciudad de Baní; incluye una visita a la moderna estación experimental de frutales de Baní del Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (IDIAF).

Domingo 20
“Concursos y competencias”. A las diez de la mañana se reunirán los que más disfrutan de comer mangos y demostrarán cuántos son capaces de comerse.


Novedades

Se realizará una “Mesa de Negocios” coordinada por el Centro de Exportación e Inversión de la República Dominicana (CEI-RD) y un festival gastronómico financiado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), con platos preparados a base de mango a cargo de estudiantes de hotelería de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), este festival será abierta desde el viernes 20 hasta el sábado 20 de junio a las 4 de la tarde.

Estragos

Este año, la cosecha de mangos se ha visto afectada considerablemente por la sequía. El distrito municipal de Villa Fundación no podrá exportar ni una libra de mangos. Así lo narra el periodista Jhonatan Liriano en un reportaje preparado para Listín Diario, titulado Villa Fundación perdió sus mangos por falta de agua.

lunes, 14 de junio de 2010

Poemas de Carlos Mejía

Por Carlos Mejía
Colaboración

EL AMOR QUE YO QUIERO

El amor que yo quiero
es precisamente el tuyo,
porque con la sencillez de
tu mirar transformas mi vida.
Porque a la hora de acostarme
siento la soledad
por no estar contigo.
Porque sé que tu cuerpo me pertenece,
el mío me lo dice.
Porque trato de soñar
tantas cosas para olvidarte,
y tu reflejo no se quita de mi lado
para interrumpir que te olvide.
Por eso... es que te quiero.

SI ALGUN DIA...

Si algún día
tu amor me corresponde,
la felicidad
para mi seria eterna.
El tiempo no existiría
porque ya te tengo.
No necesitaría escribirte
ni decirte mis poesías
porque tu amor
no es una mentira.
Y las flores
destilarían
para nosotros dos
toda la fragancia de la vida.

Carlos Mejía es reportero gráfico y poeta.
Más escritos suyos se pueden encontrar en
http://www.entrecompadres.blogspot.com/

martes, 8 de junio de 2010

"¡Hey you!"

Conservo la imagen de la niña que me llamaba insistente repitiendo esa frase. Era imposible no mirarla. De Haití traje muchas penas después de ver la miseria de los damnificados en inhóspitos espacios. Esa pequeña de dos años, que quizás no hablaba su propio idioma, con su carita sucia, pedía mi atención con las únicas palabras que conoce en inglés: "Hey you! Hey you!". Que yo sea una extranjera para ella significa que en mí hay posibilidades de obtener ayuda. Seguro que esa frase la aprendió de los extraños que llegaron a su devastado país para colaborar. Ella representa el grito de Haití al mundo: Hey, you, mírame, te necesito.



La situación de los niños me impactó de forma especial. Vi tantos pequeños que quedaron huérfanos que sobreviven desprotegidos en las carpas, donde los hechos de violencia y miseria son el panorama cotidiano. Si esos refugios no son seguros ni para los adultos ya se imaginarán los peligros a los que están expuestos los niños y las niñas sin nadie que esté atento a sus necesidades básicas como salud y alimentación, por ejemplo. 

miércoles, 2 de junio de 2010

Abusos e inseguridad en las carpas de Haití

En los campamentos de damnificados del terremoto que devastó a Haití no hay garantías de seguridad para nadie, pero las niñas y las adolescentes tienen una cuota extra de vulnerabilidad. El hacinamiento, la oscuridad, la pobreza y desesperación que lleva mucha gente a la violencia favorece que las mujeres sean víctimas del abuso sexual o que sucumban a la prostitución para obtener dinero.


Carlos Jean-Charles, asentado en los campamentos próximos al Palacio Presidencial, denuncia que en las noches no hay iluminación y que ni la policía ni otro organismo internacional de orden vigila la zona.

“No sé por qué no vienen por aquí, parece que tienen miedo. Hay gente que anda con cuchillos y armas y te roba lo poco que tienes, buscan pleitos. No hay seguridad”, expone.

Cuando se le pregunta sobre la situación de las mujeres, Jean-Charles expresa que niñas de nueve años se prostituyen para llevar dinero a sus padres y que las mujeres sufren violaciones sexuales.

Es difícil encontrar víctimas que deseen hablar de esa crueldad. Las mujeres temen hacer declaraciones porque aseguran que luego sus agresores las golpean, las encañonan con pistolas y las amenazan con matarlas si denuncian los casos.

“Si quieres comer mañana tienes que ofrecer sexo esta noche”, dice Bernardette, una muchacha de 17 años, de cuerpo fornido y grandes ojos marrones que oculta cuando se refiere al tema.

Un cliente, dice, puede pagar entre 80 y 100 pesos haitianos (unos dos dólares) que le serviría para comprar una libra de arroz (35.00 gourdes) Una libra de habichuelas (35.00 gourdes), una libra de aceite (15.00 gourdes) y un par de funditas de agua (5.00 gourdes).

La queja en muchos campamentos es que las patrullas de organismos internacionales solo pasan por algunas calles que no son peligrosas, sin detenerse al menos por un momento.

Haití tiene su propia Policía y también cuenta con brigadas de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití, que se instaló en 2004 y cuenta con más de 9,000 efectivos, entre policías y militares, de unas 50 nacionalidades diferentes. Son conocidos como los cascos azules. En las calles de la ciudad se observan patrullando frecuentemente y apostados en algunas esquinas.


Diferencia. La situación no es común en todos los campamentos. Existen algunos que cuentan con orden propuesto por los mismos refugiados en procura de una convivencia lo menos trágica posible. Uno de ellos se ubica en la zona de Cahamaga. Aquí existe un comité que se ocupa de vigilar que no haya robos, agresiones y mediar entre conflictos.

Ferdinand Jean Jacques preside esa organización. Sobre la situación de las mujeres asegura que no se ven casos de abusos sexuales y que tampoco se forman rencillas entre los que acampan allí, que suman unas 5,479 personas, de las que 2,700 son menores.

Junior Pierre, de 25 años, es uno de los vigilantes. Nació en Santo Domingo, República Dominicana, donde aprendió a hablar un perfecto español. Es quien sirve de intérprete al equipo de Multimedios del Caribe para hablar con los damnificados. “Nosotros mismos cuidamos que las cosas estén en el orden posible. Lo que hay es mucha hambre, no tenemos comida, esa es la urgencia ahora mismo”, indica.

En ese campamento, Joseph Marcel se encarga de asistir a unos 80 niños a los que el terremoto dejó en orfandad. Consiguió una especie de pupitres de madera donde ubica los menores para enseñarles matemáticas, a leer y escribir en francés y creole. Además, les enseña algunas palabras en inglés.

“Tengo hermanas en Nueva York que me envían un poco de ayuda. No hay lápices ni cuadernos ni pizarrón pero algo hacemos con estos niños, que por lo menos aprendan a leer es importante”, dice.


Un problema antiguo

El abuso sexual hacia la mujer es un problema antiguo en Haití, que se ha intensificado después de la tragedia del 12 de enero. Las víctimas no tienen ánimo de hacer denuncias porque la experiencia les refleja que aunque detienen a los agresores, son pronto liberados. Eso implica que su vida corra peligro debido a que los victimarios regresan a agredirlas en venganza por haberlos puesto en evidencia.

Las violaciones a las mujeres eran un mecanismo de represión e intimidación por parte de militares y paramilitares durante en régimen de Cedras, entre 1991 y 1994.

Más adelante, en el gobierno de Jean Bertrand Aristide se creó la Comisión de la Verdad y la Justicia que calificó ese colmo de la humillación como crímenes contra la humanidad. Sin embargo, esos crímenes quedaron impunes y poco se hizo para ayudar a las víctimas.

Quejas y denuncias de refugiados

Carlos Jean Charles

“Hay muchos ladrones en los campamentos. Si usted se descuida, señorita, le quitan su bolso. Hay gente anda armada y amenaza al otro para atemorizar. Aquí no hay nada, solo gente desesperada”



Ferdinand Jean Jacques

“La gente tiene mucho miedo a las lluvias. Si ahora llueve apenas pocas horas y quedamos inundados ¿qué será de nosotros si seguimos en estas condiciones si tenemos un huracán? Esa es la pregunta que nos hacemos.


Junior Pierre

“Yo vivía en Santo Domingo pero el día del terremoto estaba aquí en Puerto Príncipe. Ahora no puedo irme porque perdí mi pasaporte y todos mis documentos. No tengo nada. Quiero reunirme con mi familia”.


Joseph Marcel

“Me preocupa los niños que han quedado huérfanos. Aquí hemos reunidos unos cuantos y estamos atentos a su situación, pero la calle está llena de niños desamparados, sin familia, desprotegidos, caminando sin rumbo”


Fotos: Juan Almánzar

Publicado en El Caribe

martes, 1 de junio de 2010

La vida en las carpas se enloda

Precariedad. Miles de damnificados del terremoto que devastó una parte de Haití el pasado 12 de enero continúan viviendo en condiciones de miseria en carpas ubicadas en los espacios públicos, a más de cuatro meses de la tragedia.


Anna Pierre y sus cinco hijos llevan tres noches seguidas sin dormir. La lluvia los desvela. Los chorros se cuelan por la carpa que le sirve de morada en la zona de Cahemaga, Puerto Príncipe. Al igual que sus vecinos, se pasa la madrugada apartando el agua que inunda los dos metros por tres donde reside.

El piso es de tierra. La carpa está ubicada en lo que era un terreno baldío antes del trágico sismo del reciente 12 de enero.

La misma suerte toca a los refugiados en la Plaza Boyer y a los pocos que quedan en el estadio de Fútbol. En general, es lo mismo en todas partes. Las carpas están tan pegadas unas con otras que casi no dejan espacio para trasladarse.

La gente que sobrevive en los campamentos se levanta muy temprano, cuando ni siquiera ha salido el sol. La primera tarea es remover el lodo espeso que en su interior se han formado estos días de constantes aguaceros y limpiar de alguna forma las pocas pertenencias que tienen, que en la mayoría de los casos, no pasa de una colchoneta y un par de raídas vestimentas. La segunda tarea es la más difícil, encontrar qué comer.

“Aquí no llega comida, no hay trabajo no hay dinero, nada. Estamos muy mal. Paso días sin comer. Tenemos hambre. Los niños están enfermos”, afirma Anna que perdió su casa en el sismo y a varios familiares.

Ese lamento repite la multitud apostada en las inmediaciones de lo que era el Palacio Presidencial. Dickenson Moulier, de 38 años, explica que la ayuda alimenticia no llega y que en algunas ocasiones se acerca una comisión del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) que solo entrega comida a los niños.
“Esto es muy triste. No tenemos a donde ir. No hay a quien pedir nada”, expresa Moulier en una mezcla de español y creole que apenas se puede entender.



El hacinamiento en esos campamentos improvisados constituye un problema de salud y también afecta la dignidad humana. Allí la privacidad es un derecho desconocido. Hombres y mujeres se bañan desnudos a la intemperie en medio de sus compañeros de penurias.

Este sábado hay alegría en la Plaza Boyer porque de uno de los grifos sale agua que les permite lavarse la mugre de barro acumulada en tres días. Celebran porque no es frecuente contar con ese servicio básico, pueden pasar semanas a secas hasta que un camión cisterna los sorprende con un poco de agua o llega por la única llave que tiene la plaza.

En esos laberintos estrechos no hay espacio para apartar duchas pero tampoco sanitarios. La gente evacua en fundas que luego deposita en un basurero, si acaso encontrara, de lo contrario, deja el paquete en reposo en cualquier rincón.

Se estima que unas 250 mil personas viven en ese tipo de campamentos en Puerto Príncipe donados por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), Agencia española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), organismos de las Naciones Unidas y otros.


La temporada de lluvias es la mayor preocupación de los damnificados mucho antes de que iniciara, porque de los huracanes anunciados para este año se pronostica que unos 14 podrían ser fuertes. El sismo destruyó los edificios que servían de refugio a las personas que residían en zonas vulnerables. Sin iglesias ni escuelas ni instituciones públicas, nadie se imagina donde podrá protegerse de las tormentas.

Las noticias resaltan las calamidades de Puerto Príncipe más que otras ciudades, por tratarse de la capital de Haití, donde funcionaba el centro económico, judicial y gubernamental de ese país. Sin embargo, damnificados en esta área indican que peores condiciones de vida se observan en Jacmel (8 kilómetros de Puerto Príncipe); Leogane, (30 km.); Petit Goave (50 km.); y Grand Goave, (40 km) ciudades desastrosamente impactadas en el terremoto de siete grados que devastó Haití y conmocionó al mundo.


Actividad comercial

En las zonas de campamentos se ubican algunos negocios informales, como la venta de ropas y calzados de segunda mano, golosinas, comestibles y hasta un centro de Internet y puestos para recargar la batería de teléfonos celulares. También, hay personas que tienen frituras, venden comida a la hora del almuerzo, entre otros negocios.

En esas zonas no hay energía eléctrica, de hecho ese servicio es bastante precario en las localidades que quedaron en pie. Como no cuentan con lámparas, por la oscuridad se torna peligroso merodear los campamentos en las noches.

Fotos: Juan Almánzar
Publicado en El Caribe

Mirando a Haití

Estuve en Haití tres días, desde el viernes 28 hasta el domingo 31 de mayo. Fui con un equipo (camarógrafo, fotógrafo y chofer) para realizar unos reportajes sobre la situación de Puerto Príncipe, la capital, a más de cuatro meses de la tragedia del pasado 12 de enero.
El cuadro que ví fue deprimente. Una ciudad totalmente desbaratada, gente luchando por sobrevivir a todo tipo de penurias, miles aglomerados en carpas sin los más mínimos servicios básicos.
La posición del periodista es muy triste. Uno tiene que controlarse para no caer rendido de pena y saber que anda trabajando. Es difícil hacer esa separación. Tienes que sacar fortaleza para seguir adelante, pero no puedes evitar ideficarte con esos problemas y sufrir la penas ajenas.
Tantos testimonios de gente que tiene hambre, víctima de todo tipo de abusos, desesperada, enferma, me hicieron llorar estos días y sacaron de mi los reportajes que compartiré con ustedes en las siguientes entradas a este blog y fueron publicados en el periódico El Caribe.
No parece que hace más de cuatro meses que ocurrió el desastroso sismo de siete grados que devastó varias ciudades y dejó unos 300 mil muertos. Los escombros siguen apilados a un lado de las acera recordando ese fatídico día y la necesidad de actuar pronto para salvar a los que sobrevivieron.

jueves, 27 de mayo de 2010

Del Mar Caribe a las aguas del Báltico

En las avenidas de Helsinki solo se escuchan el paso del tranvía y el taconeo de las botas de las mujeres. La capital de Finlandia es fría y silenciosa, aún en primavera. Rara vez el mutismo se rompe por los acordes de un violinista que regala sus notas con la esperanza de recibir una moneda, en alguna esquina concurrida.


Para un dominicano es difícil adaptarse a este ambiente donde cada quien anda pendiente exclusivamente de lo suyo. “No llegamos a 100. Según las estadísticas de inmigrantes del año pasado, en toda Finlandia habían unos 80 dominicanos”, expresa Yolanda De León, dominicana que tiene cinco años residiendo en Helsinki.
Yolanda Llegó a este país de la región escandinava atraída por el amor, como la mayoría de las mujeres que emigran aquí. Se casó con un finlandés que conoció en un aeropuerto de España, doce años atrás.
Hace tres años que decidió reunir a sus paisanos para realizar encuentros juntos. Celebran las fiestas patrias y reuniones sociales en distintas fechas.


Dominicanas que residen en Finlandia. Yolanda está al centro, con la blusa azul.

Existe la Sociedad de Amistad entre Finlandia y República Dominicana. Su tesorero, Aarne Ojala, explica que suman 70 miembros, la mayoría finlandeses que tienen intereses comerciales en Santo Domingo.
“Próximamente vamos a crear una sociedad en Santo Domingo. El embajador honorífico, Pasi Kapanen, está haciendo los contactos allá”, explica Ojala, esposo de Yolanda.
El mayor segmento poblacional lo integran personas entre 55 y 65 años que están en jubilación. “Finlandia necesitará la entrada de un millón de inmigrantes en los próximos diez años, para insertarlos en el ambiente laboral. Falta mano de obra joven en muchas áreas y trabajadores que paguen impuestos”, opina Ojala.
Un artículo de la periodista Hanna Kaarto, publicado en el diario más grande de la ciudad, Helsingin Sanomat, en el 2007, indica que para el 2025 se estima que la mayoría de los trabajadores de este país será inmigrante.
Actualmente el país recluta trabajadores de Rusia y Polonia para el área de la construcción. Se necesitan más enfermeras, médicos y dentistas, profesores de idiomas, servicio de conserjería y limpieza, y asistentes sociales, entre otros.
De los 5.3 millones de habitantes de este país nórdico, cerca del 3 por ciento son extranjeros que viven en Helsinki.
El ciudadano finlandés es muy reservado. Sin embargo, luego de su incursión en la Unión Europea, en 1995, ha mostrado una mayor apertura con los extranjeros.
Datos de la Oficina de Migración de Finlandia señalan que alrededor de 6.000 solicitantes de asilo recibieron permiso para entrar a Finlandia en 2009 y que el año pasado Finlandia gastó alrededor de 130 millones de euros en centros de acogida para refugiados. Las autoridades quieren reducir ese número a la mitad.


Integrantes de la Asociación de Dominicanos en Finlandia en una reunión en la casa de Yolanda.

Entre los dominicanos que encontramos en Helsinki, están las hermanas Lumi, Clarissa y Marcelina Martínez, oriundas de Santiago de los Caballeros. La primera llegó hace 20 años después de contraer matrimonio con un finlandés. Sus hermanas cuentan una historia similar.
Lumi trabaja como asistente en un centro de rehabilitación para personas alcohólicas. Mientras que Marcelina es ayudante de enfermería en un hogar de ancianos.
Los jóvenes dominicanos Rolando Tatis, David José Tineo y José Cotuí, se destacan como jugadores de béisbol en la liga nacional.
En el área de ingeniería encontramos a Carlos Cheaz y Gilberto Martínez. Ambos viven en Helsinki y formaron su familia con esposas de origen finlandés. Todos coinciden en que lo más difícil es aprender el idioma. Pero que la seguridad de Helsinki y la vida tranquila los invita a quedarse en estas frías tierras.



Dato
El 65% de las personas emigra a Finlandia por reunión familiar, el 15% es refugiado, el 10% se muda por contrato de trabajo.

  Ubicación
Finlandia es un país nórdico que forma parte de la región escandinava que también integran Suecia, Noruega, Islandia y Estocolmo. Al oeste limita con Suecia, este con Rusia y al norte con Noruega.

Qué atrae y qué aleja a los dominicanos de Finlandia

La dominicana Lumi junto a su esposo finlandés.

Desventajas
  • Las bajas temperaturas, que en invierno pueden llegar a los -35 grados Celsius.
  • El carácter reservado de los fineses
  • La lejana ubicación geográfica
  • Los altos impuestos
  • El alto costo de la vida
  • Pocas comunidades de latinos
Aquí estoy yo acompañada de mi paisana Iluminada Rodríguez y sus niñas. La nena que ella tiene en brazos es fruto de su matrimonio con su esposo fnlandés.

Ventajas
  
  • Excelencia del sistema educativo
  • Seguridad ciudadana garantizada
  • Bajo índice de delincuencia
  • Cursos gratis para aprender el idioma
  • Cursos gratis de formación académica
  • El gobierno te ayuda a conseguir empleo
Testimonio
Iluminada llegó a Finlandia tras casarse con su pareja finlandesa a quien conoció en su pueblo Baní, República Dominicana. Cuenta que adaptarse a ese nuevo ambiente no fue fácil. "El choque de cultura fue muy fuerte. Me sentía muy sola y hasta me deprimía", dice de sus primeros meses en Helsinki.
La tristeza la hizo regresar a su país por unos meses. Luego volvió a Finlandia y empezó a estudiar el idioma finés. Eso la animad o mucho. Tiene planes de trabajar pronto. Está ya muy entusiasmada en su país adoptivo.

domingo, 23 de mayo de 2010

La maravillosa idea de salir de casa


A los diecinueve años decidí que era tiempo de formar tienda aparte. Me creía muy madura y capaz de enfrentar al mundo yo solita. Planteé la propuesta a mis padres con la excusa de que no soportaba más viajar todos los días en autobús tres horas, para poder llegar a la universidad. Mi madre se alarmó. Mientras, sin inmutarse, mi padre me preguntó dónde pensaba vivir. Convencerlos resultó más fácil de lo que creía.
Mi hermana y yo encontramos una pequeña morada que sería cómplice de mi aventura en la capital. Poco a poco fui mudando mis cosas. Dejaba atrás mis días de vida rural muy feliz.
Los últimos momentos en casa me dediqué a bromear con todos diciendo que me iban a extrañar tanto que enfermarían de pena. “¿Qué van hacer sin mí?”, decía. Pero realmente era a mí a quien dirigía ese cuestionamiento.
La algarabía me duró pocos meses, creo que la suma no llegó ni a cinco. Era mucha soledad para mí. Y, también, exageradas cosas que debía resolver por mí misma. Yo, que en mi hogar tenía todo resuelto con mamá y papá, esos días de autoexilio fueron un sufrimiento.
Más pronto de lo que todos pensábamos volví a abordar mi autobús y a recorrer conforme 70 kilómetros diariamente con la intención de ser una profesional.
Tres años más tarde, desempolvé mi anhelo de soberanía. Esa vez la experiencia fue mejor y más duradera. Tenía un trabajo que me mantenía muy ocupada. Llegaba a casa tan casada que no existía tiempo para pensar en soledades.
Desde entonces, -exceptuando un periodo que estuve en el extranjero- vivo de lunes a viernes lidiando con la vida metropolitana. Sábados y domingos estoy disfrutando de los mimos de mi mamá.
Vivir fuera de la casa que me vio crecer ha sido una escuela. Cada día enfrento nuevos retos –la mayoría no muy emocionantes- que me han hecho madurar bastante.
De seguro que mis congéneres que también viven esta experiencia saben a qué me refiero. Ya les cuento desde mi vivencia todo lo que pasa una chica independiente, para aquellas que están por lanzarse. Sin ánimos de asustar:
Puedo contar varios aciertos. Por ejemplo, el miedo a las cucarachas está superado, aunque todavía me producen asco. Antes no podía ver ningún tipo de bicho raro. Gritaba a mi papá o a mi hermano para corrieran a socorrerme. Ahora si no las mato yo no hay quien lo haga por mí.
Como no están cerca mamá, papá y demás tutores, he aprendido a ocuparme de mí y ser más responsable. Ocuparme de tener la ropa limpia, prepararme mi comida, organizar mis cosas. También aprendí a ahorrar y a comparar los precios de los productos del supermercado.
La lista de los momentos difíciles es larga. Entre ellos, cómo encontrar solución a una tubería rota o estancada, las averías del sistema eléctrico o la reparación de alguna filtración de la casa. ¿A quién llamar? Es la primera interrogante que me llena de terror. Rezo para que nada se dañe. Soy muy vaga para estar pendiente a esas cosas y lidiar con plomeros, electricistas y demás yerbas aromáticas.
Entre las situaciones que me tientan a abandonar mi misión independentista, está el pago de las facturas. La cuestión no tiene que ver con fondos monetarios (gracias a Dios), es que mi despiste más de una vez me ha hecho pagar mora en la cuenta de la luz. Ayayay, lo siento, es antes no me preocupaba por fechas y todavía no me acostumbro.
A veces me sorprendo preguntándome como carajo se me ocurrió la “maravillosa idea de salir de casa". Específicamente, Cuando cargo las pesadas fundas del supermercado.
“En tu casa no tienes que hacer esto, mijita. Tienes a tu hermano de chofer para llevarte donde quieras”, me susurra la conciencia mortificadora sin éxito, pues sé todo eso es tontería para todo lo que he ganado.
Cuando tengo que dedicarme a una profunda limpieza de mi pequeña cueva (entiéndase lavar paredes, sacudir el polvo, bregar con desinfectante y detergente) es otro dolor de cabeza.
Mi madre me crió enseñándome a realizar todos los quehaceres de la casa. Ella disfruta desempolvar, mover muebles y poner cortinas. Que pena que tanto entusiasmo no logró que en mi creciera una pronunciada vocación doméstica. Eso de fregar y trapear no va conmigo. Esa es una de las cosas que más he sufrido de mi vida autónoma: los quehaceres domésticos. Pero que conste que mi pequeña cueva está lo más limpia posible.
Cuando sales de casa valoras más a la familia. Piensas en lo importante que es saber que cuentas con personas que te quieren, te apoyan y te extrañan cuando estás lejos.
No importa si decides irte y dejarlos, esas personas te comprenden y te dejan las puertas abiertas para cuando quieras regresar porque las cosas te salieron mal o simplemente porque los echabas de menos. No importa cuánto ni cuantos te quieran, hay amores que ningún otro puede suplantar.
No me quejo. Afronto cada reto con valor y lo sobrellevo de la mejor manera posible. Es la ley de la vida que hay que aprender a caminar, caerse y levantarse por uno mismo.
Siempre he creído que puedo con todo, que soy fuerte y valiente. Esta experiencia de vivir independiente me despabila y me hace reconocer mis debilidades –y que no es cierto que puedo con todo jejeje-. La verdad no soy más que una simple mortal que le encanta que su mamá le prepare de comer y que su papá la saque a pasear. Por esta última línea es que cada vez más adoro los fines de semana.

viernes, 21 de mayo de 2010

Huellas

Sólo basta que mis manos
recuerden a tus manos
pasear por mi cuerpo desnudo
para saber que no te olvido.
Sólo basta que mis labios
recuerden a tus labios
tibios, suaves y tiernos.
Y sé que no te has ido.
Sólo basta que mis ojos
recuerden a tus ojos
como marrones, como claros, como miel.
Entonces extraño verme en ellos.
Solo basta que mi corazón
recuerde como late el tuyo
cuando estamos cerca,
juntitos, calientes, sudorosos,
excitados, abrazados, hechos uno.
Y que mi pensamiento confirme
que te tiene retenido.
Estás aquí, inamovible.
Sigues aquí, haciendo estragos,
provocando quererte.